El Sábado Cristiano: 1

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FEBRERO 24, 1893, la Conferencia General de los Adventistas del Séptimo-día han adoptado ciertas resoluciones apelando al gobierno y a la gente de los Estados Unidos sobre la decisión de la Corte Suprema de declarar que ésta es una nación Cristiana, y de la acción del Congreso en legislar sobre el tema de la religión, y protestando contra el principio y todas las consecuencias del mismo. En Marzo de 1893, la Asociación Internacional de Libertad de Religiones imprimió estas resoluciones en un folleto titulado "Apelación y Protesta." Al recibir uno de estos, el editor del Catholic Mirror [El Espejo Catolico] de Baltimore, Maryland, publicó una serie de cuatro editoriales, los que aparecieron en ese periódico el 2, 9, 16 y 23 de Septiembre del 1893. El Catholic Mirror es el órgano oficial del Cardinal Gibbons y del papado en los Estados Unidos.

Estos artículos, por lo tanto, aunque no fueron escritos por el mismo Cardenal, aparecieron bajo su sanción oficial, y es la expresión del papado en este asunto, es el desafío abierto del papado hacia el Protestantismo, y la demanda del papado que los Protestantes deban someter al papado una respuesta del porqué ellos guardan el domingo, y también de como lo guardan.

El siguiente asunto (excepto las notas al pie de la página, las notas entre las parentesis firmadas "ED," que empiezan en la página 22 y terminan en la página 24, y los dos Apéndices) es una reproducción literal de estos editoriales, incluyendo el título en la página 2.

[Del Catholic Mirror del 2 de Septiembre 1893, pagina 8]

EL SÁBADO CRISTIANO

EL GENUINO VÁSTAGO DE LA UNIÓN DEL ESPIRITU SANTO, Y DE SU ESPOSA LA IGLESIA CATOLICA. LOS RECLAMOS DEL PROTENTANTISMO A PARTE EN ELLO HA PROBADO SER SIN FUNDAMENTO CONTRADICTARIO, Y SUICIDA.

La semana pasada ha llamado a nuestra atención el asunto arriba mencionado debido a la recepción de un folleto de veintaiun páginas, publicado por la Asociación Internacional de Libertad de Religiones, titulado "Apelación y Protesta," incorporando las resoluciones adoptadas por la Conferencia General de los Adventistas del Séptimo-día (24, Febrero 1893). Las resoluciones critican y censuran, con mucha mordacidad, la acción del Congreso de los Estados Unidos, y de la Corte Suprema, por invadir los derechos de la gente al cerrar la Feria Mundial los domingos.

Los Adventistas es el único grupo de Cristianos con la Biblia como su maestra, quienes no pueden encontrar justificación en sus páginas por el cambio del séptimo día al primero. Esa es la razón de su denominación, "Adventistas del Séptimo-día:" Su principio fundamental consiste en guardar el sábado para el exclusivo culto a Dios, en conformidad con el mandato positivo del mismo Dios, repetido y reiterado en los sagrados libros del Antiguo y Nuevo Testamento, literalmente obedecido por los hijos de Israel por miles de años hasta el día de hoy, y endorsado por la enseñanza y práctica del Hijo de Dios mientras estuvo en la tierra.

Pero al contrario, los Protestantes del mundo, exceptuando a los Adventistas, con la misma Biblia como su apreciada, única e infalible maestra, por su práctica, desde su aparición en el siglo dieciséis, con la práctica del tiempo honrada por la gente Judía ante sus ojos, han rechazado el día nombrado por Dios para Su culto, y asumido, en aparente contradicción de Su mandato, un día para Su culto nunca antes elegido para ese propósito, en las páginas de ese Sagrado Volumen.

¿Qué púlpito Protestante no predica casi todos los domingos con altos y apasionados improperios contra la violación del sábado? ¿Quién puede olvidar el fanático clamor de los ministros Protestantes a lo largo y ancho de la nación, contra la apertura de las puertas de la Feria Mundial los domingos, y de las miles de peticiones, firmadas por millones, para salvar de una profanación el Día del Señor? El extendido entusiasmo general y bulliciosa protesta, no pudo haber existido sin los fundamentos más poderosos para tales animadas protestas.

Y cuando le fueron asignadas las dependencias en la Feria Mundial a varias de las sectas del Protestantismo para la exhibición de artículos, ¿quién se puede olvidar la enérgica expresión, y de la virtuosa y concienzuda indignación exhibida por nuestros hermanos Presbiterianos, tan pronto como se enteraron de la decisión de la Corte Suprema de no interferir en la apertura los domingos? Los periódicos nos informaron que ellos rechazaron rotundamente usar el espacio acordado con ellos, o abrir sus cajas, demandando el derecho de retirar los artículos en rígida adherencia a sus principios, y declinando así a todo contacto con los sacrílegos y la Exhibición infractora del sábado.

Indudablemente, nuestros hermanos Calvinistas merecieron y compartieron la simpatía de todas las otras sectas, quienes, sin embargo, perdieron la oportunidad de posar como mártires en la reivindicación de la observancia del sábado.

Ellos se convirtieron así, en "un espectáculo al mundo, a los ángeles, y a los hombres," aunque sus hermanos Protestantes, que no compartieron el monopolio, fueron poco caritativos y envidiosamente se inclinaron a atribuirles su firme adherencia, a los principios religiosos, al orgullo y a la obstinada terquedad Farisaica.

Nuestro propósito en escribir este artículo, es para emitir cierta luz en este asunto sumamente importante (porque si la pregunta del sábado es removida del púlpito Protestante, las sectas se sentirían perdidas, y los predicadores serian privados de su "queso Cheshire") para que nuestros lectores puedan comprender el asunto en todas sus ramificaciones, y así alcanzar una clara convicción.

El mundo Cristiano está, moralmente hablando, unido en el asunto y en la práctica de adorar a Dios en el primer día de la semana.

Los Israelitas, esparcidos por toda la tierra, observan el último día de la semana sagrado para el culto de la Deidad. En este particular, los Adventistas del Séptimo-día (una secta de Cristianos numéricamente muy pequeña) también han elegido el mismo día.

Los Israelitas y los Adventistas, ambos, apelan a la Biblia por el divino mandato, que comanda persistentemente la estricta observación del sábado.

Los Israelitas respetan solamente la autoridad del Antiguo Testamento, pero el Adventista que es un Cristiano, acepta el Nuevo Testamento bajo el mismo fundamento del Antiguo; como un récord inspirado también. Él encuentra que la Biblia, su maestra, es consistente en ambas partes, que el Redentor, durante Su vida mortal, nunca guardó ningún otro día sino el sábado. Los Evangelios claramente le prueban esta verdad; mientras, que en las páginas de los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas y el Apocalipsis, ningún vestigio de un acto cancelando el convenio del sábado puede ser encontrado.

Es por eso que los Adventistas, en común con los Israelitas, derivan sus creencias del Antiguo Testamento, cuya posición es confirmada por el Nuevo Testamento, endorsado totalmente por la vida y práctica del Redentor y Sus apóstoles y la enseñanza de la Palabra Sagrada por casi un siglo de la era Cristiana.

Numéricamente considerado, los Adventistas del Séptimo-día forman una porción insignificante de la población Protestante de la tierra, pero, como no es un asunto de números, sino de verdad, hecho, y derecho, un estricto sentido de justicia prohíbe la condenación de esta pequeña secta sin una calmada e imparcial investigación este no es el funeral de ninguno de nosotros.

1. ¿Es esta una sugerencia de que la investigación y la consecuente condenación de los Adventistas del Séptimo-día será debidamente llevada en efecto por Roma, tan pronto como ésta "calmada e imparcial investigación" haya sido terminada con los Protestantes con quienes ella está ahora tratando? ED

El mundo protestante ha estado, desde su creación, en el siglo dieciséis, en total acuerdo con la Iglesia Católica, de guardar "santo" no el sábado, sino el domingo. La discusión de los fundamentos que los guió a esta unanimidad de sentimientos y práctica por más de 300 años, debe ayudar a colocar al Protestantismo en una base sólida en este particular, si los argumentos en favor de su posición superan a aquellos proporcionados por los Israelitas y los Adventistas, que la Biblia, la única reconocida como maestra de ambos litigantes, sea el árbitro y el testigo. Sin embargo, si por otro lado, estos dos últimos proporcionan argumentos, incontrovertibles para la gran masa de Protestantes, apelando ambos litigantes, a su maestra en común, la Biblia, como la gran masa de Protestantes hasta ahora lo hace, con vigorosa pertinacia por la estricta observación del domingo, no tienen otro recurso que admitir que lo que ellos han estado enseñando y que es Biblicamente falso por más de tres siglos, adoptar la enseñanza y práctica de lo que ellos siempre han pretendido creer de un Iglesia apóstata, contrario a toda justificación y enseñanza de la sagrada Escritura. Para aumentar la intensidad de este imperdonable error escritural, involucran a uno de los más positivos y categóricos mandamientos de Dios a su siervo, el hombre: "Recuerda el día sábado, y guárdalo santo."

Ningún Protestante vivo hasta hoy no ha obedecido una sola vez ese mandamiento, prefiriendo seguir a la referida Iglesia apóstata que a su maestra, la Biblia, que, desde Génesis hasta Apocalipsis, no enseña otra doctrina, debiendo los Israelitas y los Adventistas del Séptimo-día estar en lo correcto. Ambos lados apelan a la Biblia como su maestra "infalible". Dejemos que la Biblia decida si es el sábado o el domingo el día impuesto por Dios. Uno de los dos grupos tiene que estar equivocado, y, por lo tanto una posición falsa sobre esta asunto muy-importante involucra terribles penalidades; amenazadas por el mismo Dios, contra el transgresor de su "Pacto Perpetuo." Nosotros entraremos en la discusión de los méritos de los argumentos usados por ambos lados. Ni está la discusión de este importante asunto encima de la capacidad de mentes ordinarias, ni tampoco involucra estudio extraordinario. Se resuelve con unas cuantas simples preguntas de fácil solución:

1.- ¿Qué día de la semana ordena la Biblia que debe guardarse santificado?

2.- ¿Ha modificado el Nuevo Testamento por precepto o práctica, el mandato original?

3.-¿Han obedecido los Protestantes desde el siglo dieciséis el mandato de Dios, al guardar "santo" el día ordenado por su infalible guía y maestra, la Biblia? Y si no, ¿Porqué no?

A las tres preguntas anteriores, nos comprometemos a proporcionar tantas respuestas, que no podrán fallar reivindicar la verdad y seguir manteniendo el deformado error.

[Del Catholic Mirror del 9 de Septiembre 9,1893.]

EL SABADO CRISTIANO

"Por la fe, la fanática fe, un vez rápidamente perdida,

para algunos estimada mentira, la abrazan hasta el final."

-Moore

Conforme a nuestra promesa en nuestra última edición, procedemos a desenmascarar uno de los más flagrantes errores y una de las más imperdonables contradicciones de la regla de fe Bíblica. Sin embargo, por temor a ser mal entendidos, consideramos necesario hacer la premisa que el Protestantismo no reconoce la regla de fe, ni a ningún maestro salvo a la "infalible Biblia." Así como el Católico cede su juicio en asuntos implícitamente espirituales, con una confianza ciega, a la voz de su iglesia, así, también, el Protestante no reconoce a ningún otro maestro sino a la Biblia. Toda su espiritualidad se deriva de sus enseñanzas. Es a él a quien la voz de Dios se dirige a través de su única e inspirada maestra. Le personifica su religión, su fe, y su práctica.

En el lenguaje de Chillingworth: "La Biblia, toda la Biblia, y nada más que la Biblia, es la religión de los Protestantes," es sólo una forma de la misma idea multiplemente convertible en otras formas, tales como "el Libro de Dios." El Convenio de Nuestra Salvación," "el Oráculo de Nuestra Fe Cristiana." "El Libro del Texto de Dios para la raza Humana," etc., etc. Es, entonces, un hecho incontrovertible que solamente la Biblia es la maestra de la Cristiandad Protestante. Asumiendo este hecho, procederemos ahora a discutir los méritos del asunto implicado en nuestra última edición.

Reconociendo que es innegable, el hecho de una directa contradicción entre la enseñanza y la práctica de la Cristiandad Protestante- exceptuando a los Adventistas del Séptimo-día-por un lado, y a la gente Judía por otro lado, y observando ambos diferentes días de la semana para el culto a Dios, procederemos a tomar el testimonio del único testigo disponible en el lugar: a saber, el testimonio del maestro común de ambos proclamantes, la Biblia. La primera expresión con la que entramos en contacto en la Sagrada Palabra, se encuentra en Génesis 2:2: "Y en el séptimo día él (Dios) descansó de todo su trabajo que había hecho." La siguiente referencia a este asunto se encuentra en Éxodos 20, donde Dios ordenó que el séptimo día sea guardado, porque él mismo había descansado del trabajo de la creación en ese día; y el sagrado texto nos informa que por esa razón él deseó guardarlo, en las siguientes palabras: "Porque, el Señor bendijo el séptimo día y lo santificó."1. Leemos otra vez, en el capítulo 31, versiculo 15: "Seis días se trabajará; más el séptimo día, día de Reposo consagrado santo al Señor;" verso dieciséis: "Es un pacto eterno, "y una señal perpetua" "porque en seis días el Señor hizo el cielo y la tierra, y en el séptimo él cesó de trabajar."

En el Antiguo Testamento, la referencia al día de Reposo es hecha ciento veintiséis veces, y todos estos textos conspiran armoniosamente en expresar la voluntad de Dios, comandando que el séptimo día sea guardado, porque el mismo Dios lo guardó primero, haciéndolo obligatorio sobre todos como "un pacto perpetuo." Tampoco podemos imaginarnos que alguien suficientemente insensato cuestione la identidad del sábado con el día de Reposo o el séptimo día, viendo que la gente de Israel ha estado guardando el sábado desde la dación de la ley, en 2,514 a.C. hasta 1893 d.D. un período de 3383 años. Con el ejemplo de los Israelitas ante nuestros ojos hoy, no hay hecho histórico mejor establecido que el referido: a saber, que la gente escogida de Dios, los guardianes del Antiguo Testamento, los vivos representantes de la única religión divina hasta ahora, hayan por un período de 1490 años previos a la Cristiandad, preservado por práctica semanal la tradición viva de la correcta interpretación del especial día de la semana, el sábado, para ser guardado "santo al Señor," cuya tradición la han extendido por su práctica a un período adicional de 1893 años más, cubriendo así la completa extensión de la bendición Cristiana. Consideramos necesario ser perfectamente claros en este punto, por razones que aparecerán mas claras más adelante. La Biblia-el Antiguo Testamento-confirmado por la viva tradición de una práctica semanal por 3383 años por la gente escogida de Dios, enseña, entonces, con absoluta certeza, que Dios mismo, había nombrado el día a ser "guardado santo para él, "-que el día era el sábado, y que cualquier infracción de ese mandato era punible con la muerte. "Así que guardaréis mi día de reposo, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo." Exodo 31:14.

Es imposible imaginar una penalidad más severa que esa tan solemnemente dicha por el mismo Dios en el texto anterior, sobre todos los que infringen un mandamiento mencionado no menos de ciento veintiséis veces en el Antiguo Testamento. Los diez mandamientos del Antiguo Testamento son formalmente recalcados en la mente del hijo del Cristiano Bíblico tan pronto como es posible, pero no hay ningún otro en los diez que sea más enfáticamente familiar, en ambos, en las clases Bíblicas de los Domingos y en el púlpito, que el de guardar "santo" el día de Reposo.

Habiéndonos asegurado con absoluta certeza de la voluntad de Dios en lo que atañe al día a ser guardado santo, de su sagrada palabra, porque él descansó en ese día, cuyo día nos es confirmado por la práctica de su gente escogida por miles de años, nosotros naturalmente somos inducidos a preguntar cuando y donde Dios cambió el día de su culto; para que sea patente al mundo que un cambio de día ha sucedido, y puesto que ninguna indicación de tal cambio puede ser hallado dentro de las páginas del Antiguo Testamento, ni en la práctica de la gente Judía que continúa por casi diecinueve siglos de Cristiandad obedeciendo el mandato escrito, debemos mirar al exponente de la bendición Cristiana; a saber.., el Nuevo Testamento como mandato de Dios cancelando el antiguo día de Reposo, el sábado.

Nos acercamos ahora a un período que cubre un poco más de diecinueve siglos, y procedemos a investigar si el divino maestro adicional-el Nuevo Testamento-contiene un decreto cancelando el mandato de la antigua ley, y, al mismo tiempo, sustituyendo un día por el divinamente instituido día de Reposo de la antigua ley, a saber, el sábado; porque, puesto que el sábado era el día guardado y comandado a ser guardado por Dios, la única autoridad divina, que bajo la forma de un decreto cancelatorio, podía abolir el pacto del sábado , y otro mandato divino, designando por nombre otro día a ser guardado "santo," en lugar del sábado, que es igualmente necesario para satisfacer la conciencia del Cristiano creyente. Siendo la Biblia la única maestra reconocida por el Cristiano Bíblico, el Antiguo Testamento falla en indicar un cambio de día, y mas aún otro día en lugar del sábado a ser guardado "santo" por el mundo Bíblico, es sin duda incumbente para el Cristiano reformado indicarle en las páginas del Nuevo Testamento los nuevos decretos divinos que revocan el sábado y lo sustituyen con el domingo, guardado por los Bíblicos desde los inicios de la Reforma.

Examinando críticamente el Nuevo Testamento de cubierta a cubierta, encontramos que el día de Reposo es mencionado sesentaiun veces. Encontramos, también, que el Salvador escogió invariablemente el día de Reposo (sábado) para enseñar en las sinagogas y hacer milagros. Los cuatro Evangelios se refieren al día de Reposo (sábado) sincuentaiun veces.

En una ocasión, el Redentor se refiere asimismo como "el Señor del día de Reposo," como es mencionado por Mateo y Lucas (2) pero, durante todo el récord de su vida, mientras guardaba invariablemente y utilizaba el día (sábado), él nunca insinuó ni una sola vez el deseo de cambiarlo. Sus apóstoles y amigos personales nos proporcionan una asombrosa ocasión de su escrupulosa observancia, después de su muerte, y, mientras su cuerpo estaba aún en la tumba, (Lucas 23:56) nos informa:" Y ellos volvieron y prepararon especias aromáticas y ungüentos, y descansaron el día de Reposo, conforme al mandamiento." "Pero en el primer día de la semana, muy temprano en la mañana, ellos vinieron, trayendo las especias que habían preparado. Las "especias" y los "ungüentos" habían sido preparados en la tarde del Viernes Santo, porque "el sábado estaba por comenzar" Versiculo 54. Esta acción por parte de los amigos personales del Salvador prueba más allá de toda contradicción que después de su muerte ellos guardaron "santo" el sábado, y consideraron el domingo como cualquier otro día de la semana. ¿Puede algo, por lo tanto, ser más contundente que los apóstoles y las mujeres santas nunca conocieron cualquier otro día de Reposo sino el sábado, hasta el día de la muerte de Cristo?

Enfosquémonos ahora en la investigación de esta interesante pregunta de los siguientes treinta años, tal como es narrado por el evangelista, San Lucas, en los Hechos de los Apóstoles. Seguramente algún vestigio del acto de cancelación puede ser descubierto en la práctica de los apóstoles durante ese prolongado período.

Pero, ¡alas! estamos una vez más condenados a la desilusión. Nueve (3) veces encontramos que el sábado es mencionado en Hechos, pero es el sábado (el antiguo día de Reposo). Si nuestros lectores quieren una prueba más, los remitimos al capítulo y versiculo de cada ocasión. Hechos 13:14, 27, 42, 44. Una vez más, Hechos 15:31: otra vez. Hechos 16:13; 17:2; 18:4. "Y él (Pablo) hablaba en la sinagoga cada sábado, y persuadía a los Judíos y a los Griegos." ¡¡¡He aquí el día de Reposo (sábado) desde Génesis hasta Apocalipsis!!! Por lo tanto, es imposible encontrar en el Nuevo Testamento la más ligera interferencia por el Salvador o Sus apóstoles, con el original día de Reposo, sino, por el contrario, un total asentimiento en el acuerdo original; ni, un endorso plenario por Él, mientras vivió, y una invariable y activa participación en la observación de ese día y no de otro por los apóstoles, por treinta años después de Su muerte, como los Hechos de los Apóstoles nos lo han testimoniado abundantemente.

De aquí en adelante la conclusión es inevitable; a saber, que de aquellos que siguen la Biblia como su guía, los Israelitas y los Adventistas del Séptimo-día tienen el peso exclusivo de la evidencia, mientras que el Protestante Bíblico no tiene una sola palabra de auto-defensa para la sustitución del domingo por el sábado. Más anón.

1. Claro las escrituras citadas en estos editoriales son de la Douay o Version Catolica. -ED.

2. Es tambien referido en Marcos 2:28 -ED.

3.Esto debería ser ocho.

[Del Catholic Mirror 16 de Setiembre, 1893, pagina 8]

EL SABADO CRISTIANO

Cuando su majestad Satanás, quien fue "desde el principio un asesino," "y el padre de las mentiras," se propuso abrir los ojos de nuestra primera madre, Eva, estimulando su ambición, "ustedes serán como dioses, sabiendo lo bueno y lo malo," su acción fue sólo el primero de muchos plausibles y exitosos esfuerzos empleados posteriormente, en la seducción de millones de sus hijos. Así como Eva, ellos se enteran demasiado tarde, alas! del valor de los incentivos usados para distraer a sus débiles hijos, de la lealtad a Dios. Tampoco el asunto-materia de esta discusión constituye una excepción de las usuales tácticas de su majestuosa habilidad.

Por tres siglos desde que, él plausiblemente presentó a un gran número de descontentos y ambiciosos Cristianos la brillante perspectiva de la exitosa inauguración de una "nueva salida," para abandonar la Iglesia instituida por el Hijo de Dios, como su maestro, y la asunción de un nuevo maestro- la Biblia únicamente -como su nuevo y experimentado oráculo.

La sagacidad del diablo previó el brillante éxito de esta maniobra. Ni el resultado se quedó corto de sus más sanguíneas expectaciones.

Un espíritu bravo y aventurero era lo único que se necesitaba para encabezar la expedición. Él, su satánica majestad pronto encontró en el apóstata monje, Lutero, quien declara repetidamente la cercana familiaridad que existió entre su amo y él, en su obra "Conversaciones de Mesa," y en otras obras publicadas en 1558, en Wittenberg, bajo la inspección de Melanchthon. Sus coloquios con Satán en varias ocasiones, son declarados por el mismo Lutero un testigo digno de toda credibilidad. Lo que a través de la serpiente se propuso obtener tan eficazmente en el jardín, lo logró a través de Lutero en el mundo Cristiano.(4)

4. Por supuesto que nosotros no tenemos la más mínima simpatía con lo que se dice aquí acerca de Lutero. Sólo los Luteranos piensan que Lutero tuvo toda la verdad, pero no obstante el de él fue un gran trabajo. El era un héroe Cristiano. De haber continuado su trabajo igual como lo comenzó, los papistas no estarían ahora incitando a "los Protestantes" con la contradicción de profesar que aceptan solamente la Biblia y luego siguen las tradiciones de la Iglesia Católica-ED.

Dale un piloto a su flota errante

ingenioso en su arte, y preparado para engañar;

con cuyas venturosas manos guiará su timón

A costas hostiles, o los sumergirá en la marea."

Como el fin planeado para él por el diablo durante su trayectoria en la Iglesia de Cristo, era la destrucción de la Cristiandad, nosotros estamos ahora comprometidos a cernir los medios adoptados por él para asegurar su éxito allí. Hasta el momento, han sido encontrados ser errados, auto-contradictorios, y falaces. Ahora procederemos con la profunda investigación de esta impostura.

Habiendo probado hasta la demostración que el Redentor, en ninguna ocasión, durante el período de su vida, se había desviado de la fiel observancia del día de Reposo (sábado), mencionado por los cuatro evangelistas cincuenta y un veces, aun cuando él se había designado "Señor del día de Reposo, " él nunca ni una vez, por mandato ni por práctica, insinuó un deseo de su parte de cambiar el día para sustituirlo por otro; y habiendo llamado especial atención la conducta de los apóstoles y de las mujeres santas, que la misma noche de su muerte, se aseguraron de antemano especias y ungüentos para ser usados en el embalsamiento de su cuerpo la mañana después del día de Reposo (sábado), como tan claramente nos informa San Lucas (24:1), poniendo de ese modo más allá de aventura, la acción divina y la voluntad del Hijo de Dios durante su vida al guardar el día de Reposo inquebrantablemente; y habiendo llamado la atención la acción de sus vivos representantes después de su muerte, como lo ha probado San Lucas; habiendo puesto también ante nuestros lectores el indisputable hecho que los apóstoles en los siguientes treinta años (Hechos) nunca se desviaron de la práctica de su divino Maestro en este detalle, como San Lucas (Hechos 18:4) nos asegura: "Y él (Pablo) hablaba en las sinagogas cada día de reposo (sábado), y persuadía a los Judíos y a los Griegos." Los Gentiles conversos fueron, como vemos en el texto, igualmente instruídos con los Judíos, a guardar el sábado, habiendo sido convertidos a la Cristiandad en ese día, "los Judíos y los Griegos" colectivamente.

Habiendo también llamado la atención a los textos de Hechos (a), manteniendo el exclusivo uso del día de Reposo por los Judíos y los Cristianos por treinta años después de la muerte del Salvador como el único día de la semana observado por Cristo y Sus apóstoles, cuyo período agota el inspirado récord, procedemos ahora a suplementar nuestras pruebas de que el día de Reposo (sábado) gozó de este exclusivo privilegio, llamando la atención a cada ocasión donde el sagrado récord se refiere al primer día de la semana.

La primera referencia al domingo después de la resurrección de Cristo es encontrada en el Evangelio de San Lucas, capítulo 24, v. 33-40, y San Juan 20:19.

Los textos arriba mencionados se refieren al único motivo de esta reunión de parte de los apóstoles. Se realizó el día de la resurrección (domingo de Pascua), no para el propósito de inaugurar "la nueva partida" del antiguo día de Reposo (el sábado) ni para guardar "santo" el nuevo día, porque no existe ninguna insinuación dada en oración, en exhortación, ni en la lectura de las Escrituras, sino que indica la desmoralización total de los apóstoles informando a la humanidad que ellos estuvieron juntos y apiñados en esa habitación en Jerusalén "por temor a los Judíos," como Juan, claramente lo cita más arriba.

La segunda referencia al domingo es encontrada en el Evangelio de San Juan, capítulo 20, v. 26-29: "Y después de ocho días, los discípulos estaban otra vez reunidos y Tomas con ellos." (1) El resucitado Redentor se valió de esta reunión de todos los apóstoles para confundir la incredulidad de Tomas, quien había estado ausente de la reunión la noche del domingo de Pascua. Esto le habría propiciado una dorada oportunidad al Redentor para cambiar el día en presencia de todos Sus apóstoles, pero expresamos el simple hecho que, en esta ocasión, como en el día de Pascua, ninguna palabra es dicha en oración, en alabanza, ni en la lectura de las Escrituras. La tercera ocasión en los récords, donde los apóstoles estuvieron reunidos en domingo, es encontrada en Hechos 2:1: "Los apóstoles estaban todos en un acuerdo unánime en un sólo lugar." (La Fiesta de Pentecostés-Domingo.)2 Ahora, ¿proporcionará este texto a nuestros hermanos Bíblico-Cristianos un vestigio de esperanza que el domingo finalmente sustituye al sábado? Pero cuando les informamos que los Judíos habían estado guardando este domingo por 1500 años, y lo han estado observando por dieciocho siglos después del establecimiento de la Cristiandad, al mismo tiempo guardando el sábado semanal, no van a encontrar ni consuelo ni conforto en este texto. Pentecostés es el quincuagésimo día después de la Pascua, (5) la cual fue llamada el día de Reposo de las semanas, consistiendo de siete semanas de siete días; y el día posterior el final del séptimo día de Reposo semanal, que fue el día principal de toda la fiesta, necesariamente el domingo. ¿Qué Israelita no desdeñaría la causa que lo llevara a descubrir el origen de la observación del primer día de la semana en su fiesta de Pentecostés, que ha sido observada por él anualmente por más de 3,000 años? ¿Quién sino el Bíblico Cristiano, arrimado contra la pared con un pretexto para justificar, su sacrílega profanación del día de Reposo, guardado siempre por Cristo y Sus apóstoles, hubiera recurrido a la fiesta Judía de Pentecostés como un acto de rebelión contra su Dios y su maestra, la Biblia?

Una vez más, los apologistas Bíblicos por el cambio del día llaman nuestra atención a Hechos, capítulo 20, v. 6-7: "Y el primer día de la semana, cuando los discípulos se reunieron para partir el pan," etc. Por todas las apariencias el texto anterior debería proporcionar algún consuelo a nuestros contrariados amigos Bíblicos, pero siendo un Marplot, no podemos permitirles aún este trozo de consuelo. Nosotros respondemos con el axioma: "Quod probat nimis, probat nihil" -"El que prueba demasiado, no prueba nada." Llamemos la atención al mismo, Hechos 2:46: "Y ellos, continuaban diariamente en el templo, partiendo el pan de casa en casa," etc. ¿Quién no ve a primera vista que el texto producido para probar la exclusiva prerrogativa del domingo, se desaparece en el aire-un ignis fatuus--cuando es colocado en yuxtaposición con el verso 46 del mismo capítulo? Lo que los Cristianos-Bíblicos proclaman por este texto "de solamente domingo" la misma autoridad, San Lucas nos informa que era común a todos los días de la semana: "Y ellos, continuaban diariamente en el templo, y partían el pan de casa en casa."

Un texto más se presenta aparentemente inclinándose hacia una sustitución del domingo por el sábado. Lo tomamos de San Pablo, en I Corintios16:1-2:

"Ahora en cuanto a la ofrenda para los santos." "En el primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte algo según haya prosperado guardándolo..etc,". Presumiendo que el pedido de Pablo haya sido atendido estrictamente, pongamos atención a lo que había sido hecho cada sábado durante la vida del Salvador y continuado por treinta años después, como el libro de Hechos nos informa.

Los seguidores del Maestro se reunían "cada día de Reposo" para oír la palabra de Dios; las Escrituras eran leídas "cada día de Reposo "Y Pablo, como era su costumbre hablaba en la sinagoga cada día de Reposo, insertando el nombre del Señor Jesús," etc. Hechos 18:4. ¿Qué conclusión más absurda al inferir que leer las Escrituras, orar, exhortar, y predicar, los que eran los deberes rutinarios de cada sábado, como ha sido abundantemente probado, fuera mal interpretado por un pedido de tomar una colecta en otro día de la semana.?

Para apreciar completamente el valor de este texto, bajo consideración ahora, sólo es necesario recordar la acción de los apóstoles y de las mujeres santas el Viernes Santo antes de la puesta del sol. Ellos trajeron las especias y ungüentos después que él fue bajado de la cruz; ellos suspendieron toda acción hasta que el día de Reposo "santo al Señor" hubiera pasado, y luego el domingo por la mañana continuaron con los pasos necesarios para completar el proceso de embalsamiento del cuerpo sagrado de Jesús.¿Por qué, nos preguntamos, no procedieron ellos a completar el trabajo de embalsamiento el sábado? -Porque ellos sabían muy bien que el embalsamiento del cuerpo sagrado de su Maestro interferiría con la estricta observancia del día de Reposo, cuya observancia era suprema; y hasta que pudiera ser demostrado que el día de Reposo inmediatamente previo al Domingo de nuestro texto no había sido observado (lo que sería falso, puesto que cada día de Reposo había sido guardado), el pedido de Pablo para hacer la colecta en Domingo sigue siendo clasificado con el trabajo del embalsamiento del cuerpo de Cristo, el que no podía ser realizado el día de Reposo y fue consecuentemente diferido al próximo día conveniente; a saber, el domingo, o el primer día de la semana.

Habiéndose determinado cada texto encontrado en el Nuevo Testamento referente al día de Reposo (el sábado), y al primer día de la semana (el domingo); y demostrado conclusivamente estos textos, que, hasta ahora, ninguna sombra de pretexto puede ser encontrado en el Volumen Sagrado para la sustitución Bíblica del domingo por el sábado: sólo nos queda por investigar el significado de las expresiones el "Día del Señor" y el "día del Juicio del Señor Jesús "que se encuentran en el Nuevo Testamento, lo que nos proponemos hacer en nuestro próximo artículo, y concluir con apropiadas observaciones de las incongruencias de un sistema de religión que habremos probado que es indefensible, auto-contradictorio, y suicida.

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Updated October 8, 2008