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¿Cómo Cumplió Jesucristola Ley y los Profetas?PorFred R. CoulterEl Sermón en el Monte La corriente popular dominante de la Cristiandad Protestante enseña que Jesús vino a abolir las leyes y los mandamientos de Dios. Enseña que todas las leyes de Dios fueron clavadas en la cruz. ¿Es eso verdad? ¿Abolió verdaderamente Jesús las leyes de Dios? ¿Están los Cristianos libres de cualquier obligación de obedecer a Dios? ¿Cambió Jesús verdaderamente el día del culto del séptimo día sábado al primer día de la semana, el domingo? Este artículo muestra las verdaderas enseñanzas del Dios Padre y Jesucristo como lo contiene el Nuevo Testamento Un verdadero entendimiento de las palabras de Jesucristo prueba que esa corriente popular dominante de Protestantes que enseña que Jesús abolió las leyes y los mandamientos de Dios no es verdad. El Sermón en el Monte fue predicado a principios del ministerio de Jesucristo. Después de escoger a doce de Sus discípulos para ser testigos de todas las palabras que Él habló, Jesús les enseñó los principios básicos espirituales que están registrados en Mateo 5-7 y Lucas 6. Estas enseñanzas, ahora conocidas como el Sermón en el Monte, fueron las palabras iniciales del Nuevo Pacto. A diferencia del Antiguo Pacto, que ofrecía las bendiciones físicas de salud y prosperidad, el Nuevo Pacto abrió el camino a las bendiciones espirituales de la vida eterna con el poder y la gloria eterna. A lo largo de la Biblia, hay un contraste entre lo físico y lo espiritual. Las palabras del apóstol Pablo muestran que lo físico viene primero, luego lo espiritual (I Corintios 15:45-47). Adán, el primer hombre sobre la tierra, vino de la tierra y era físico. El segundo Adán, Jesucristo, vino del cielo y es espiritual. En la misma forma, el Antiguo Pacto, que fue físico, fue establecido antes del Nuevo Pacto, que es espiritual. En el día de Pentecostés, Dios estableció el Antiguo Pacto con los hijos de Israel proclamando los Diez Mandamientos desde la cima del Monte Sinaí. El acontecimiento fue tan aterrorizante para la gente que ellos le imploraron a Moisés no dejar que Dios les hablara: “Y todo el pueblo observaba el estruendo, y los rayos, y el sonido de la trompeta, y la montaña que humeaba: y viéndolo el pueblo, temblaron y se pusieron muy lejos. Y le dijeron a Moisés, ‘Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos: pero no hable Dios con nosotros para que no muramos" (Éxodo 20:18-19). Porque los hijos de Israel tenían miedo de oír a Dios hablar, Moisés se paró entre Dios y la gente para traerles todas las palabras de Dios. Moisés subió a la cima del Monte Sinaí para reunirse con Dios. En aquel momento, Dios le dio los estatutos, los decretos y otras leyes para entregarle a los hijos de Israel. Como el intermediario que entregó la ley a la gente, Moisés era considerado un legislador, aunque él mismo no originó ninguna de las leyes ni los mandamientos (Éxodo 20-23). Cuando Moisés bajó de reunirse con Dios, él les leyó todas las palabras de Dios a los oídos de la gente. A una sola voz, la gente acordó obedecer en todo lo que Dios había ordenado. Entonces el Pacto fue ratificado con un sacrificio de sangre: “Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras del SEÑOR, y todas los leyes: y todo el pueblo respondió a una voz, y dijo, ‘Haremos todas las palabras que el SEÑOR ha dicho.’ Y Moisés escribió todas las palabras del SEÑOR, y levantándose de mañana edificó un altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel. Y envió jóvenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como sacrificios de paz al SEÑOR. Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y lo puso en tazones, y esparció la otra mitad de la sangre sobre él altar . Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo; el cual dijo: Haremos todas las cosas que el SEÑOR ha dicho y obedeceremos. Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo, “He aquí la sangre del pacto que el SEÑOR ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas” “(Éxodo 24:3-8). El Pacto que Dios hizo con los hijos de Israel en el Monte Sinaí contenía las bendiciones y las maldiciones. Dios prometió bendecir a los hijos de Israel si ellos obedecían Sus mandamientos y leyes; pero si ellos desobedecían, ellos cosecharían en retorno las maldiciones por sus pecados y transgresiones. En esta manera, Dios estableció el Antiguo Pacto con las doce tribus de Israel: “Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; porque yo te mando hoy que ames al SEÑOR tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes Sus mandamientos, Sus estatutos y Sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y el SEÑOR tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. “Más si tu corazón se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinaras a dioses ajenos, y les sirvieres; yo os protesto hoy que de cierto perecieres; no prolongareis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para entrar en posesión de ella. A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando al SEÑOR tu Dios, atendiendo a Su voz, y siguiéndole a Él; porque Él es la vida para ti, y la prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró el SEÑOR a tus padres, Abraham, Isaac, y Jacob, que les había de dar” (Deuteronomio 30:15-20). El oficio de Moisés como mediador y legislador fue como una especie física de la venida del Legislador espiritual, Jesucristo. Cuando los hijos de Israel estaban a punto de entrar a la Tierra Prometida, Dios le dio a Moisés esta profecía de la venida del Mesías: “Y el SEÑOR me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho [ellos no querían que Dios les hablara, sino a Moisés]. Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca; y El les hablará todo lo que yo le mandare. Más a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuentas “(Deuteronomio 18:17-19). Jesucristo el Legislador EspiritualEsta profecía de la venida del Mesías revela que toda persona que rechaza las palabras de Jesucristo será tenida como responsable por Dios en el día del Juicio. Durante Su ministerio, Jesús confirmó que Él era ese Profeta y que sus palabras son la medida por lo que todo será juzgado: “Al que oyere Mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre, que me envió, Él me dio mandamiento de lo que he de decir y de lo que he de hablar” (Juan 12:47-49). El oficio espiritual de Jesucristo supera el oficio físico de Moisés. Jesucristo era Dios manifestado en persona. El era el Señor y Dios del Antiguo Testamento quien había establecido el Antiguo Pacto con los hijos de Israel. Él vino a la tierra a entregarles las maldiciones que el Pacto les había impuesto por sus pecados, y para redimir a toda la humanidad de la pena de muerte por sus transgresiones de las leyes santas y justas de Dios (Romanos 7:14; 3:9-19). Su muerte finalizó el Antiguo Pacto con la administración de la muerte, y el establecimiento del Nuevo Pacto, que ofrece el don de la vida eterna. A diferencia del Antiguo Pacto, que requería la obediencia al pie de la letra de la ley, el Nuevo Pacto se basa en la obediencia del corazón—satisfaciendo las leyes de Dios no sólo en la letra, sino también en su total intención espiritual. Por esta razón, Jesucristo vino como el Legislador espiritual para ampliar y magnificar los mandamientos y las leyes de Dios, como lo profetizó Isaías: “El SEÑOR se complació por amor de su justicia; Él magnificará la ley, y la engrandecerá [o la hará gloriosa]” (Isaías 42:21). Como el Legislador espiritual, Jesucristo reveló el total significado de las leyes de Dios. Él recibió una comisión del Dios Padre de predicar el evangelio y proclamar el significado espiritual de los mandamientos de Dios, a fin traer el conocimiento de la salvación al mundo. Después que Juan Bautista fue puesto en prisión, Jesucristo comenzó su ministerio. Él ordenó a la gente a arrepentirse de sus pecados y a creer en el evangelio: “Principio del evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios. Y diciendo:"El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio “ (Marcos 1:1, 15). A través de Su ministerio, Jesús enseno el arrepentimiento del pecado, que está claramente definido en el Nuevo Testamento como la transgresión de las leyes de Dios (I Juan 3:4). Dios inspiró las palabras de Jesucristo a ser registradas en los Evangelios y canonizadas por los apóstoles con los otros libros del Nuevo Testamento. A través de los siglos, desde el tiempo de Jesús hasta ahora, Dios ha preservado divinamente estas Escrituras para el mundo. Las cuatro narraciones del Evangelio de la vida y el ministerio de Jesucristo revelan que Dios ahora requiere la obediencia a sus mandamientos no sólo en la letra de la ley sino en el espíritu de la ley. Pero a pesar de las enseñanzas de Jesús, que magnifican las leyes y los mandamientos de Dios, a la mayoría de los que profesan ser Cristianos se les ha enseñado que Jesucristo vino a abolir las leyes de Dios. Jesús denunció enfáticamente estas enseñanzas en el Sermón del Monte: "No penséis que he venido para abrogar la Ley o los Profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la Ley hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:17-18). Cuando Jesucristo cumplió la ley, Él no la abolió. Las propias palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo hizo esto muy claro. ¿Entonces en qué manera cumplió Él la ley? Para reconocer cómo Él cumplió la ley, debemos entender el significado de la palabra “cumplir.” La palabra en español “cumplir” es traducida del verbo griego ßXßpowipleeroo, que significa: “hacerlo completo, llenar completar, cumplir. En Mateo 5:17 dependiendo en cómo uno prefiere interpretar el contexto, Xipowpleeroo se entiende aquí como completar, hacer, llevarse a cabo, o traer la expresión completa, expone su verdadero significado espiritual, o como llenar, completar” (Arndt y Gingrich, A Greek-English Lexicon of the New Testament). Como el Legislador espiritual, Jesucristo cumplió la ley de Dios trayéndola a su completa expresión, revelando su completo significado espiritual y la intención. Él “llenó (cumplió) la ley en su totalidad” enseñando obediencia en el espíritu de la ley. Cumplir la Ley de Dios amplificando su significado y la aplicación es exactamente lo contrario de abolir la ley. Si Jesús hubiera venido a abolir las leyes de Dios, Él no las habría magnificado ni habría expandido su significado, haciéndolas aún más vinculantes. Si las leyes de Dios no fueran hoy vinculantes no podría haber pecado, porque “pecado es la transgresión de la ley” (I Juan 3:4). Y si no hubieran pecadores, no habría la necesidad de un Salvador. Pero las Escrituras de ambos, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, testifican que Jesucristo vino a salvar a la humanidad del pecado. En vez de abolir o “eliminar la ley,” Jesús vino a tomar sobre Él mismo la pena por nuestros pecados y transgresiones de las leyes de Dios, y para mostrarnos el camino a la vida eterna a través de la obediencia espiritual del corazón. Pues, así es como Él magnificó las leyes y los mandamientos de Dios y los hizo honorables. El Significado Espiritual de los Mandamientos Reveladosen el Sermón del MonteComo el Legislador espiritual, Jesucristo le enseñó a Sus discípulos el significado espiritual y la aplicación de cada una de las leyes y mandamientos de Dios. Examinemos cómo Él magnificó el Sexto Mandamiento en el Sermón del Monte: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano sin causa será culpable de juicio y cualquiera que diga: Necio,"Raca" a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego [el lago de fuego] (Mateo 5:21-22). Jesús hizo bien claro que el homicidio comienza en el corazón y es arraigado en el odio y la cólera. La amplificación espiritual del Sexto Mandamiento, como es enseñado por Jesucristo, se extiende mucho más allá de la letra de la ley, que juzga sólo los actos físicos de violencia. Bajo el Nuevo Pacto, este mandamiento se debe obedecer en los pensamientos e intenciones del corazón. La obediencia ya no está restringida a la letra de la ley y la verdadera acción de cometer asesinato. Por el nuevo estándar espiritual de obediencia, el odio en el corazón de una persona es juzgado como asesinato. Este estándar espiritual también se aplica al odio por un enemigo: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.’ Pero yo os digo: [como el Legislador espiritual] Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que los os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos. Que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:43-48). Cuando Jesús estaba muriendo en la cruz, Él dio el perfecto ejemplo de amar a sus enemigos y orar por los que despectivamente lo usaron. Note la oración de Jesús mientras Él sufría agonía e ignominia en sus manos: “Y Jesús dijo, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). En el Sermón del Monte, Jesús enseñó también el significado espiritual y la aplicación del Séptimo Mandamiento: “No cometerás adulterio.” Note como Jesús magnificó este mandamiento: “Oísteis que fue dicho, "No cometerás adulterio." Pero yo os digo [como Legislador espiritual], que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla ya adulteró con ella en su corazón. (Mateo 5:27-28). Jesús hizo el Séptimo Mandamiento mucho más vinculante que la letra de la ley. Desde el tiempo que Jesucristo enseñó el significado espiritual de este mandamiento, todo individuo ha sido mantenido responsable de sus pensamientos de adulterio, se haya o no cometido el acto físico. Jesucristo magnificó el Séptimo Mandamiento revelando su total significado espiritual y su aplicación. Una examinación de las siguientes enseñanzas en el Sermón del Monte, como está registrado en Mateo 5-7, mostrará que Jesús reveló, el total significado espiritual de todas las leyes y los mandamientos de Dios. Aplicando el Espíritu de la Ley no Anula la LetraMás de treinta años después que Jesús predicó el Sermón en el Monte, el apóstol Santiago escribió una epístola en la que expuso el significado espiritual de los mandamientos de Dios. En su epístola, Santiago demuestra que las enseñanzas de Jesús con respecto al espíritu de la ley no eliminaron la necesidad de obedecer la letra de la ley. Santiago explica que el mandamiento de Jesús de “amar a tu prójimo como a ti mismo" requiere que vivamos en obediencia a los mandamientos de Dios. Santiago se refiere específicamente al Sexto y Séptimo Mandamiento, y lo hace muy claro que infringir cualquiera de los mandamientos de Dios es pecado: “Si en verdad cumplís la Ley Real conforme a la Escritura: 'Amarás a tu prójimo como a ti mismo,' bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores; porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho, No matarás. Ahora bien si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley. Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad” (Santiago 2:8-12). Cuando estudiamos los escritos de los apóstoles en el Nuevo Testamento no hay duda que ellos enseñaron el total significado espiritual de las leyes y los mandamientos de Dios, exactamente como Jesús lo hizo. Nunca en ningún momento ellos escribieron o enseñaron que Jesucristo vino a abolir las leyes de Dios. Las palabras de Santiago no dejan ninguna duda. El escribió, “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto se hace culpable de todo.” No hay nada en las declaraciones del apóstol Santiago que insinúe remotamente que las leyes de Dios se abolieron cuando Jesús murió en la cruz. Al escribir estas palabras muchos años después de la muerte y resurrección de Jesucristo, Santiago confirma que Jesús no “eliminó” las leyes de Dios. Santiago lo hace explícitamente claro que los Cristianos están obligados a guardar los mandamientos de Dios. El apóstol Juan, que sobrevivió a todos los otros apóstoles, también enseñó obediencia a las leyes y mandamientos de Dios. En la ultima década del primer siglo, Juan escribió su Evangelio, tres epístolas y el libro de Apocalipsis. En su primera epístola, él escribió muy enfáticamente que la obediencia a los mandamientos de Dios es el estándar que separa a los verdaderos seguidores de Jesucristo de aquellos que simplemente profesan Su nombre. Note: “Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos Sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda Sus mandamientos, el tal es un mentiroso, y la verdad no está en él; pero él que guarda Su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; [hecho completo], por esto sabemos que estamos en Él. El que dice que permanece en Él debe andar como Él anduvo” (I Juan 2:3-6). Juan lo dice muy claro que aquellos que creen sinceramente en Jesucristo estarán caminando como Jesús caminó. Ellos estarán guardando los mandamientos de Dios, como Jesús lo hizo, y como Él enseñó a otros a hacerlo (Juan 15:10, Mateo 19:17-19). Cualquiera que profese creer en Jesucristo pero no guarda los mandamientos de Dios es un mentiroso, según las escrituras del Nuevo Testamento. Para un ministro o maestro que clama que las leyes y los mandamientos de Dios han sido abolidos es una flagrante negación de las verdaderas enseñanzas de Jesucristo y Sus apóstoles, las que están preservadas en el Nuevo Testamento. Los verdaderos Cristianos necesitan estar en alerta contra tales “hacedores de maldad,” que predican contra las leyes de Dios y condenan la observación de los mandamientos. Como el apóstol Juan lo demuestra, que aquellos que guardan los mandamientos de Dios no están bajo la condenación sino que pueden acercarse a Dios con confianza, sabiendo que Él oirá y responderá sus oraciones: “Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios. Y cualquier cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de Él” (I Juan 3:21-22). El Nuevo Testamento no respalda la enseñanza, tan ampliamente aceptada, que guardar los mandamientos es opuesto a la fe. Al contrario, las palabras de Juan demuestran que guardar los mandamientos de Dios es un signo de verdadera fe y el amor que Dios imparte a través de la morada de Su Espíritu: “Y este es Su mandamiento: Que creamos en el nombre de Su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros [cumpliendo la Ley Real de guardar los mandamientos de Dios], exactamente como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que Él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado” (versos 23-24). La corriente dominante de la Cristiandad popular ignora estas inspiradas escrituras del Nuevo Testamento y enseña que amar a Dios y el uno al otro elimina la necesidad para guardar los mandamientos de Dios. Otra vez Juan expone el error en esta teología. Juan indica que obediencia a los mandamientos de Dios es el mismo estandard por el cual es medido el amor por Dios y Sus hijos: “En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (I Juan 5:2-3). La verdad Bíblica es esta: Si amamos a Jesucristo y al Dios Padre, estaremos motivados a guardar los mandamientos de Dios. Desearemos guardar Sus mandamientos en el espíritu de la ley como una manifestación exterior de nuestro amor para Él. Aquellos que profesan amar Dios, pero rehúsan guardar Sus mandamientos, no entienden el amor de Dios. Ellos están siendo guiados por sus propias emociones humanas y no por el amor que Dios imparte a Sus hijos a través del don del Espíritu Santo. Los sentimientos emocionales no pueden ser substituídos para guardar los mandamientos de Dios. Aquellos que claman amar Dios, pero están practicando la maldad, se engañan a sí mismos. Jesucristo instruye específicamente a aquellos que lo aman a guardar sus mandamientos. Note: “Si me amáis, guardad mis mandamientos... El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y él que ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él. .. El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada con él. El que no me ama no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan 14:15, 21-24). Jesucristo no dejó lugar para dudas ni para mala interpretación. Si usted lo ama, usted guardará sus mandamientos. Si usted no guarda sus palabras, usted no lo ama. A menos que usted esté guardando sus mandamientos, cualquier profesión de fe y amor hacia Jesucristo y al Dios Padre es vacía y en vano. Jesucristo dio el perfecto ejemplo del verdadero amor santo guardando todos los mandamientos de Dios en el completo espíritu de la ley. Antes de su muerte, Él entregó un nuevo mandamiento a sus discípulos para que ellos siguen su ejemplo practicando el mismo amor que Él había manifestado durante Su vida con ellos en la tierra. Note: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros... Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en Su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Juan 13:34-35; 15:9-12). Jesucristo enseñó a sus seguidores a obedecer todos los mandamientos de Dios en el completo espíritu de la ley, como El lo hizo. Jesús magnificó las leyes de Dios revelando su completo significado espiritual. Jesucristo, como el Legislador espiritual, hizo las leyes y los mandamientos de Dios mucho mas vinculantes poniendo un estándar espiritual más alto de obediencia para los Cristianos bajo el Nuevo Pacto. Jesús Trajo A Su Término los Rituales Físicos de la LeyEl segundo significado de la palabra Griega pleroo, traducida “cumplir” en Mateo 5:17, es “completar,” o “traer a la terminación.” Jesucristo vino para traer a su término los sacrificios de animales y otros rituales del templo y leyes del sacerdocio Aarónico. Mediante Su muerte, Él finalizó el Antiguo Pacto, que había impuesto los requisitos físicos de estas leyes. En su lugar, Él estableció el Nuevo Pacto, reemplazando los antiguos requisitos de la ley a una aplicación espiritual más elevada. Las leyes concernientes al sacrificio de animales fueron traídas a su término mediante el sacrificio superior de Jesucristo. Su sacrificio de Él mismo como el Cordero de Dios, “Quien quita los pecados del mundo,” superó y reemplazó todos los sacrificios de animales y otros rituales y las ceremonias físicas que se realizaban en el templo de Dios en Jerusalén. El apóstol Pablo confirma la terminación de los sacrificios de animales y los rituales del templo a través del sacrificio perfecto de Jesucristo: “Por lo cual, entrando en el mundo, dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por los pecados no te agradaron. Entonces dije: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad (como en el rollo del libro está escrito de Mí) Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley) y diciendo luego, He aquí, que vengo oh Dios para hacer tu voluntad; quita lo primero para establecer este último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote [de la orden de Aarón] está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (Hebreos 10:5-12). El sacerdocio espiritual de Jesucristo se hizo efectivo inmediatamente después que Él ascendió al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Aunque Su muerte termino, con los sacrificios de animales y los rituales del templo que eran requeridos bajo el Antiguo Pacto, el sacerdocio continuó llevando a cabo estas funciones hasta que el templo fue destruido. Con la destrucción del templo en 70 d.C., el sacerdocio de Aarón y de los Levitas llegaron a su fin. No había necesidad de un sacerdocio físico en la tierra porque Jesucristo estaba sirviendo como el Gran Sacerdote arriba en el cielo, haciendo intercesión por el pecado ante el Dios Padre. El sacerdocio espiritual de Jesucristo reemplazó el sacerdocio de Aarón. El Nuevo Pacto tiene un Gran Sacerdote--el resucitado Jesucristo que hace la intercesión por la gente de Dios para aplacar sus pecados ante el Dios Padre. En la misma forma, el templo espiritual en el cielo ha reemplazado al templo físico que estaba en la tierra. Bajo el Nuevo Pacto, los verdaderos creyentes tienen ahora directo acceso mediante la oración al trono de Dios Padre arriba. Jesucristo se sienta a la diestra del Dios Padre, donde Él lleva a cabo su trabajo espiritual como el Sumo Sacerdote: “Este es el pacto que haré con ellos después que aquellos días, dice el Señor: pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré [lejos de abolir Sus leyes]; y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado. Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo, que Él nos abrió a través del velo esto es, de su carne, y teniendo un Sumo Sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémosnos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura" (Hebreos 10:16-22). Los verdaderos adoradores de Dios no necesitan de un sacerdocio que interceda por ellos en un templo terrenal porque ellos tienen directo acceso al trono del Dios Padre en su templo celestial, donde Jesucristo intercede como el Sumo Sacerdote. Además, cada uno de los que reciben el Espíritu Santo en su mente como un engendrado de Dios Padre se convierte en parte del templo de Dios. Como el apóstol Pablo lo demuestra, Dios está ahora edificando un templo espiritual dentro del ser humano carnal mediante la morada de Su Espíritu: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es, el cual sois vosotros santo es" (I Corintios 3:16-17). Isaías profetizó del templo espiritual que Dios está construyendo: “Porque así dijo el Alto y Sublime, [Dios el Padre] el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, [el santo de santos en el cielo], con él quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57:15). Este templo espiritual esta compuesto de todos los verdaderos creyentes, tanto Judíos como Gentiles: “Porque por medio de Él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:18-22). La necesidad del templo terrenal en Jerusalén se cumplió y fue traída a su término con el sacrificio de Jesucristo, que terminó el Antiguo Pacto y la necesidad de un sacerdocio físico. Bajo el Nuevo Pacto, el templo espiritual de Dios en el cielo, donde Jesucristo es el Sumo Sacerdote, ha reemplazo el templo físico de Dios en la tierra. Por intermedio de la intercesión de Jesucristo, cada creyente llega a ser un templo para el Espíritu Santo de Dios, y el cuerpo colectivo de creyentes es construido como un templo santo en el Señor. Jesús Trajo a su Término la Circuncisión de la CarneCuándo Jesús trajo el Antiguo Pacto a su fin, el requisito para la circuncisión de la carne fue sustituido por la circuncisión espiritual del corazón. El apóstol Pablo hace esto muy claro: “Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en el interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en la letra; la alabanza del cual no viene de los hombres sino de Dios” (Romanos 2:28-29). Bajo el Nuevo Pacto, Dios no requiere la circuncisión física. Sino que, la circuncisión espiritual del corazón ha reemplazado la circuncisión de la carne. Circuncisión espiritual trae la conversión de la mente y el corazón, lo que la circuncisión física en la carne nunca podría alcanzar. Para ser circuncidado en el corazón, una persona debe arrepentirse de sus pecados y ser bautizada con la inmersión total en agua. El acto del bautismo es un tipo de circuncisión porque los pecados de la carne son removidos. Luego, mediante la colocación de las manos, el creyente recibe el Espíritu Santo, que convierte el corazón y la mente. El apóstol Pablo describe la circuncisión espiritual que sucede en el bautismo: “Por que en Él [Jesucristo] habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad; y vosotros estáis completos en Él, que es la cabeza de todo principado y potestad; en Él también fuisteis circuncidados con la circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con Él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con Él mediante la fe en el poder de Dios, que lo levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircucicion de vuestra carne, os dio vida juntamente con Él, perdonándoos todos los pecados." (Colosenses 2:9-13). Pablo entendió muy claramente que los creyentes Gentiles no necesitaban ser circuncidados en la carne porque ellos habían recibido circuncisión espiritual por la fe en Jesucristo. La circuncisión espiritual del corazón había reemplazado la circuncisión física de la carne. Igualmente, todos los sacrificios de animales que se requirieron para el pecado fueron sustituídos por el sacrificio de Jesucristo para siempre. El sacerdocio físico de Aarón fue reemplazado por el sacerdocio espiritual de Jesucristo. El templo de Dios en el cielo ha reemplazado el templo físico en la tierra, que era sólo una copia del celestial. Cuando Jesucristo trajo los rituales físicos del Antiguo Pacto a su término, Él no abolió la ley. En su lugar, los tipos físicos del Antiguo Pacto fueron sustituídos por el cumplimiento espiritual del Nuevo Pacto. Otras Leyes Que Han Sido Transferidas al Nuevo PactoBajo el Antiguo Pacto, Dios dio autoridad a los sacerdotes y Levitas, que servían en el altar, a reunir diezmos y ofrendas de los hijos de Israel. Bajo el Nuevo Pacto, no hay sacerdocio de hombres sino sólo el Sumo Sacerdote, Jesucristo, Que es “un Sumo Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec.” El apóstol Pablo explica que Melquisedec era el Sacerdote de Dios en Jerusalén en los días de Abraham, mucho tiempo antes que el Antiguo Pacto sea establecido. Al describir como Abraham pagó sus diezmos a Melquisedec, Pablo revela que Él fue el que posteriormente vino a la tierra como Jesucristo: “Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque estos también hayan salido de los lomos de Abraham. Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, [Jesucristo, Quién era el Melquisedec del Antiguo Testamento] tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. “Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, Uno de Quien se da testimonio de que vive. Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. Si pues, si la perfección fuera por el sacerdocio Levítico—(porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿que necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según la orden de Melquisedec, y no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiado, el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de la ley [del sacerdocio y la recepción de los diezmos y las ofrendas] y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar” (Hebreos 7:5-13). Como Pablo lo expone, todo el sacerdocio Levítico ha sido reemplazado por el Sumo Sacerdote inmortal, Jesucristo, que es de la orden de Melquisedec. No hay más un sacerdocio en la tierra ministrando en el altar en el templo de Dios en Jerusalén. Sin embargo, hay todavía una necesidad de enseñar el verdadero culto de Dios, y de predicar y publicar la Palabra de Dios como testigos al mundo. Aquellos que se arrepienten y creen el evangelio deben ser enseñados el camino de la vida eterna que Jesucristo ordenó a Sus discípulos. Es por esta razón que Jesucristo los envió por delante como apóstoles al mundo, y es por esta razón que Él levantó Su iglesia. Dentro de la iglesia, Él ha proporcionado un ministerio que sea capaz de enseñar la Palabra de Dios y predique el evangelio al mundo. Además, Él ha proporcionado una manera de sostener el trabajo de predicar el evangelio y enseñarle a los hermanos de Jesucristo. En lugar de que los sacerdotes y los Levitas en el templo colecten los diezmos y las ofrendas, la autoridad para recibir los diezmos y las ofrendas ha sido transferida al ministerio de Jesucristo por la orden del Señor. El apóstol Pablo hace esto muy claro: “¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas comen del templo y que los que sirven al altar del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (I Corintios 9:13-14). La orden de Dios bajo el Antiguo Pacto concerniente a los diezmos y las ofrendas que los hijos de Israel debían dar a los sacerdotes y Levitas fue traída a su término. En vez de abolir las leyes de los diezmos y las ofrendas, Jesucristo transfirió la autoridad de recibir los diezmos y las ofrendas a los ministros del evangelio, que están bajo Su autoridad como el Sumo Sacerdote y Mediador del Nuevo Pacto. ¿Cómo cumplió Jesús a los Profetas?Jesús dijo también que Él había venido a cumplir a los profetas. ¿Cómo cumplió Jesús a los Profetas? Durante Su vida en la carne, todas las profecías del Antiguo Testamento con respecto a Su primera venida se cumplieron. Estas profecías incluyeron su milagrosa concepción y nacimiento de la virgen María, la rápida salida a Egipto para escapar de Herodes, el regreso a Galilea y Su morada en Nazaret, el anuncio de Su ministerio por Juan Bautista, las curaciones y los poderosos milagros durante Su ministerio, la predicación del evangelio a lo largo de la tierra de Judea y Galilea, la persecución y el sufrimiento que le vinieron, Su muerte por la crucifixión, el lugar de Su entierro, y el tiempo de la resurrección. La mayor parte de las profecías que se cumplieron concerniente a Su sufrimiento y muerte en el día de la Pascua. Aunque han pasado casi dos mil años desde que estas profecías se completaron, todas las profecías acerca de Su segunda venida tienen que ser aún cumplidas. Hay un gran número de profecías en ambos en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento que están aguardando su cumplimiento. Cada profecía en la Palabra de Dios será cumplida en el tiempo fijado como ha sido determinado por el Dios Padre (Hechos 1:7). Jesucristo no abolió ni apartó una sola profecía ni aún una sola palabra de las Escrituras del Antiguo Testamento. Recuerde lo que Jesús dijo concerniente a las Escrituras: “Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:18). Jesús dio una absoluta garantía que todas las profecías de la Escritura se cumplirán en su tiempo: “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todo estas cosas [los acontecimientos profetizados que se cumplirán al final], conoced que [el segundo regreso de Jesucristo] está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación [el tiempo final] hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero Mis palabras no pasarán. Pero del día, y la hora nadie sabe, ni aún los ángeles del cielo, sino solo mi Padre” (Mateo 24:32-36). Según las palabras de Jesucristo, todas las profecías que están registradas en la Escritura se cumplirán en el tiempo que Dios ha ordenado. Jesús no vino a abolir las palabras de los profetas, sino a cumplirlas. Como Él vino en persona a cumplir las profecías de un Salvador, así Él volverá en la gloria para cumplir las profecías del Rey venidero quien traerá el gobierno de Dios a la tierra. Los Mandamientos de Dios Deberán Ser Enseñados yPracticados Bajo el Nuevo PactoEn el Sermón del Monte, Jesús lo hizo absolutamente claro que los mandamientos de Dios están vigentes bajo el Nuevo Pacto: “De manera que cualquiera que quebrante uno de éstos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos" (Mateo 5:19). ¿Qué mandamientos de Dios son hoy rechazados y considerados los menos importantes por la Cristiandad popular dominante? Los dos que son considerados los menos importantes son el Cuarto Mandamiento y el Segundo Mandamiento. Tan extraño como le pueda parecer, muchos de los que rechazan estos mandamientos profesarán guardar los otros mandamientos y clamarán que ellos están haciendo la voluntad de Dios. Pero como lo demuestra el apóstol Santiago, transgredir aún uno de los mandamientos de Dios es pecado, y trae la misma condenación como si se infringieran todos. Examinemos los dos mandamientos que son considerados los menos importantes por la Cristiandad popular dominante, comenzando con el Cuarto Mandamiento: “Recuerda el día de reposo, para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás todo tu obra; más el séptimo día es reposo para el SEÑOR tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, el SEÑOR bendijo el día de Reposo, y lo santificó” (Éxodo 20:8-11). |
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