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Iglesia de Dios Cristiana y BíblicaP.O. Box 1442Hollister, California 95024-1442(831)-637-1875Fred R. Coulter Ministro El 19 de diciembre, 2006 Estimados Hermanos, Estamos llegando al fin de otro año en el calendario Romano. Cuando hayas recibido esta carta, el Nuevo Año 2007, estará sobre nosotros. Esto significa que han pasado 1,977 años desde que Cristo subió al cielo y el comienzo de la Iglesia del Nuevo Testamento en el año 30 D.C. Empezando con los apóstoles, los discípulos de Cristo—incluyendo nosotros hoy—siempre hemos querido saber, "¿Cuándo será el retorno de Jesucristo?" En verdad, esa fue la última pregunta que los discípulos le preguntaron inmediatamente antes de que Él se fuese al cielo: "Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros del Espíritu Santo, me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hechos 1:6-8). En los días antes de Su crucifixión, Jesús le hablo a Sus seguidores de los eventos mayores que tomarían lugar dirigiéndose a Su segunda venida. Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21 explican estos eventos. Aunque Jesús les dijo claramente a Sus discípulos que no era para ellos saber de "los tiempos o las sazones," ellos todavía creían que Él regresaría durante sus vidas. La anticipación de los discípulos del retorno de Cristo fue sin duda basado en varias declaraciones que Jesús mismo había hecho. La primera vez fue esta: "De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca" (Mateo 24:34). Ya que una generación en general se consideraba ser apróximadamente 40 años, los discípulos habrían concluido que Jesús se estaba refiriendo a la generación de los tiempos de los apóstoles. En verdad, fue exactamente 40 años desde que la Iglesia empezó hasta la destrucción del templo y Jerusalén en el año 70 D.C. Sin embargo, Jesús no regresó en ese tiempo. Los discípulos aparentemente se enfocaron en las palabras "esta generación"—y no consideraron la frase "hasta que todo esto acontezca." Jesús no significó que 75%, 90% o hasta un 95% de "todo esto" hubiesen ocurrido-- Él significó un 100%. Además, también tenemos que tomar en consideración muchas otras profecías en la Biblia con respecto la segunda venida de Jesucristo, y realizar que "todo esto" no está limitado a las cosas que Él había acabado de hablar en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas de 21—pero sin duda incluir todas las cosas con respecto Su segunda venida que están escritas en las profecías del Antiguo Testamento. Tenemos que recordarnos de la promesa de Jesús, "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán" (Mateo 24:35). Por eso es que Jesús reveló cosas adicionales con respecto Su segunda venida a sus apóstoles antes de que ellos murieran. La segunda equivocación mayor fue que muchos de los discípulos creían que Jesús regresaría antes de la muerte del apóstol Juan. Encontramos esto en el último capítulo del Evangelio Juan. Después que Jesús le informó a Pedro de la manera en cual Él iba morir, Pedro le preguntó a Jesús sobre qué le iba ocurrir al apóstol Juan: "Cuando Pedro le vio, le dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Sí quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué de ti?" (Juan 21:21-23). Juan no vivió para ver la segunda venida de Jesucristo literalmente. Sin embargo, antes que Juan murió, él, sí, vio el retorno de Jesucristo visión, cual Jesús le ordenó escribir en un libro—el Libro de Apocalipsis, esto es una palabra Griega que significa la "Revelación." Juan, probablemente con la ayuda de Felipe y Andrés, canonizaron enteramente el Nuevo Testamento. Por esto es que encontramos varias anotaciones editoriales en varios lugares del Nuevo Testamento. Estas son señales de la ediciones finales de Juan mientras estaban canonizado los 27 libros del Nuevo Testamento. Una de éstas se encuentra en Mateo 24 y se refiere a la profecía de Jesús sobre el templo. Dios sin duda lo inspiró añadir esta adición hacia el texto porque el templo había sido destruido en el año 70 D.C., 25 años antes de que Jesucristo le dio a Juan las visiones del libro de Revelación o (Apocalipsis). Fue muy evidente que la profecía de Jesús sobre la "abominación desoladora" todavía no había ocurrido antes de que el templo fue destruido en el año 70 D.C. Sin embargo, una de las visiones que Jesús le dio a Juan—tal como registrado en Apocalipsis 11— claramente revela que un templo estaría en existencia en el tiempo del fin. Por esto es que Juan declaró entre paréntesis: "Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda)" (Mateo 24:15 y Marcos 13:14). Obviamente, cuando Jesús habló originalmente esas palabras, Él no dijo "el que lee, que entienda." Sin embargo, Jesús inspiró a Juan añadir estas palabras al texto para informarle a lectores del futuro que para poder ocurrir "todas estas cosas" y de la profecía de Jesús ocurrir, primero un templo tendría que ser reconstruido en Jerusalén—porque la "abominación desoladora" no ocurrió cuando templo fue destruido en el año 70 D.C. Sin duda, Juan y los ancianos entendieron también que la profecía de Pablo en II Tesalonicenses 2 todavía no había ocurrido. Pablo escribió: "Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá [ese día] sin que antes venga la apostasia, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios" (II Tesalonicenses 2:3-4). Juan tuvo que haber realizado que la profecía de Pablo estaba conectada directamente con la profecía de Apocalipsis 13, la que él había recibido de Cristo y escribió. Por consiguiente, ellos entendieron que para poder cumplirse II Tesalonicenses 2, un futuro templo tenía que ser construido en Jerusalén antes de la segunda venida de Jesucristo. Las Profecías de Daniel: En Mateo 24 y Marcos 13, Jesús también habló directamente sobre las profecías de Daniel con respecto la "abominación desoladora." Es muy evidente, entonces, que Jesús estaba incluyendo todas las profecías del tiempo del fin del libro de Daniel, cuando Él se refirió a "todo esto o todas estas cosas" que tenían que ocurrir. Tal como hemos dicho muchas veces en los años recientes, la profecía mayor de Daniel del tiempo del fin demuestra que primero tiene que ver un rey del norte y un rey del sur en poder a la misma vez, antes que las profecías finales se puedan desarrollar (Daniel 11:40). Incluso hoy, no vemos ningunos de los dos poderes en la escena mundial [Europa y el Medio Oriente]. Consecuentemente, todavía hay que permitir por más tiempo para que lleguen al poder—y el retorno de Jesucristo acontezca. Hasta Daniel mismo no fue dado el entendimiento de estos eventos y profecías. Sin embargo, Dios le dio a Daniel la promesa de que en el tiempo del fin los sabios entenderían—pero los malvados no entenderían (Daniel 12:9-10). ¿Quiénes son los Sabios? Sin tener en cuenta de los tiempos en cual los sabios viven—fuese de los tiempos de Daniel, los tiempos de Jesús o en el tiempo el fin—los sabios siempre estarán haciendo lo que Dios el Padre y Jesucristo manden hacer. Ellos siempre estarán y tenemos que estar velando y preparados—sea antes de la muerte en camino al sepulcro o viviendo hasta Su retorno. Igualmente con los malvados. El Señor vendrá sobre ellos en un tiempo que menos esperan—sea en juicio por sus pecados, o en Su segunda venida. Vemos esto en la comparación de Jesús entre los siervos sabios y malvados: "VELAD, pues, porque no sabéis a qué ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de la familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaria, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la ahora que no pensáis. ¿Quién es, pues, es siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. "Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel el siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes (Mateo 24:42-51 vea también, Lucas 12:37). Para enfatizar Su punto, Jesús dio otra parábola demostrando la diferencia entre los sabios y los insensatos: "Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. "Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. "Y tardándose el esposo, cabecearon todas y durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino al esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. VELAD, pues porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir" (Mateo 25:1-13 vea también Lucas 12:37). Pablo también hizo una comparación semejante entre las sabias y las insensatas. "MIRAD, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos" (Efesios 5:15-16). Cuando Pablo le escribió a la iglesia en Roma, él les exhortó de amarse uno a los otros y guardar los mandamientos de Dios. Él también les advirtió de no ser víctimas o caer en las tentaciones de la carne: "No debáis a nadie nada, sino amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, ni digas falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley [de Dios] es el amor. "Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca del día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos con las armas de la luz. Andemos como de día [velando], honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, ni en contiendas y envidia, sino vestidos del Señor Jesucristo, y no proveáis [dar lugar] para los deseos de la carne" (Romanos 13:8-14). El Amor de Dios—El Poder Más Grande Para Poder Vencer: El amor de Dios es el poder más grande que usted puede tener para vencer el pecado. De la misma manera que tenemos que crecer en la gracia y conocimiento de Dios, tenemos que crecer en el [agape] amor de Dios. Si diariamente ponemos a Dios el Padre y Jesucristo primero en nuestras vidas—a través de amándolos, a través de oración, estudio y obediencia—entonces con esto tendremos el crecimiento en el amor de Dios y podremos vencer todas las cosas de la carne y el mundo. Creciendo en el amor de Dios—Su poder mayor—es la cosa más importante que podemos hacer: "Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y toda tu alma, y con toda tu mente y con toda tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos" (Marcos 12:28-31). Cuando nosotros con el corazón entero amamos a Dios y vivimos en Su amor, Él perfeccióna Su amor en nosotros—cuando crecemos en Su amor. Entonces realizamos más y más que Dios nos amo a nosotros primero: "El que no ama, no ha conocido a Dios; Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a Su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a Su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos [nuestra obligación] también nosotros amarnos o unos otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y Su amor se ha perfeccionado en nosotros" (I Juan 4:8-12). Esta es la llave, mientras vivimos en el amor de Dios—porque en amándole--Dios el Padre, Jesucristo y a los hermanos, creceremos en el amor [agape] de Dios. O tal como Juan escribió, "Su amor es perfeccionado en nosotros." Por esto es que el amor de Dios es el poder más grande que podemos usar para vencer el pecado. Juan continúa: "Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y éste permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto [con el poder espiritual] se ha perfeccionado el amor [de Dios] en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como Él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor [de Dios] no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. Donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor [de Dios]" (versículos 16-19). En la noche de su última Pascua, Jesús le dijo a los apóstoles que ellos tenían que vivir en Su amor, tal como Él mismo vivió en el amor del Padre: "Si permanecen en Mí, y Mis palabras permanece en en vosotros, pedid todo lo que queréis, y lo será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en Mi amor. Si guardareis Mis mandamientos, permaneceréis en Mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de Mi Padre, y permanezco en Su amor" (Juan 15:7-10). Este es el estándar más grande de la conducta de un verdadero Cristiano, tal como Juan escribió: "En esto [el estándar] conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor de Dios, que guardemos Sus mandamientos; y Sus mandamientos no son gravosos" (I Juan 5:2-3). Cuando estamos amando a Dios el Padre Jesucristo en esta manera nuestra relación personal con ellos crece en toda manera. Así es que mantenemos nuestro enfoque espiritual y es la razón por cuál Juan empezó su primera epístola en la manera que lo hizo: "Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palpar nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión [compañerismo o relación] con nosotros; y nuestra comunión [compañerismo o relación] verdaderamente es con el Padre, y con Su Hijo Jesucristo" (I Juan 1:1-3). Ya que el amor de Dios es el poder más grande, y ese amor nunca falla, Dios mismo garantiza que nunca fallara. Nosotros venceremos. Tendremos crecimiento en la gracia, conocimiento y el mismo amor de Dios. Hermanos, los amamos, estamos orando por ustedes diariamente que Dios les bendiga, que les de sanamiento, que les inspire en todo, y les de la fuerza para confrontar las pruebas en sus vidas y que sigan amando a Dios el Padre y Jesucristo con toda vuestra mente, corazón, alma y fuerzas. Gracias por su amor, oraciones y continuo apoyo con sus diezmos y ofrendas. Que Dios les continúe dando bendiciones y a los suyos en todo. Con amor en Cristo Jesús, Fred R. Coulter FRC |
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