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Juzgad Justo Juicio

por

Fred R. Coulter 

Muchas personas creen ya que “Dios es amor,” que Él no ejecutará juicio. Pero ellos están muy equivocados. Las Escrituras revelan que Dios es un Juez. “Mas Dios es el juez” (Salmos 75:7). En realidad, Él es el Juez Supremo de todos. Ya que Dios es Juez, Él juzga las naciones tal como los individuos.  “Porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad” (Salmos 96:13). Es absolutamente vital que los cristianos entiendan que Dios es Juez, como Él juzga y la base por Sus juicios.

Dios es Juez de toda la tierra porque el camino de Dios es perfecto. “En cuanto a Dios, perfecto es su camino” (Salmos 18: 30). Ya que Dios es perfecto, Sus leyes, por cual Él hace Sus juicios, son perfectas. “La ley de Jehová es perfecta” (Salmos 19:7). También, Dios habita toda la eternidad. “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad....” (Isaías 57:15). Mientras Dios vive en el nivel de eternidad, Dios habita en la verdad, en juicio y en justicia. Nota: “Vive Jehová, en verdad, en juicio y en justicia....” (Jeremías 4:2). La verdad de Dios, juicio y justicia van mano a mano.

Verdad, juicio y justicia son las expresiones del amor de Dios. Juntamente con el amor de Dios, estas tres--verdad, juicio y justicia son la substancia de juicio justo. Por eso es que Dios es Juez. Cuando vamos hacia Dios en oración necesitamos  realizar que nuestras oraciones están yendo directamente a Dios el Padre. Jesucristo está a Su diestra como nuestro intercesor. Dios nos da Su amor y gracia, pero Dios es el Juez de toda la humanidad. El apóstol Pablo claramente entendió esto y  escribió que Dios es el Juez de todos: “Sino que os habéis acercado al monte de Si, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la  congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos” (Hebreos 12:22-23).

Nosotros esperamos el tiempo cuando Cristo juzgará todo el mundo cuando Él regrese. David fue inspirado a profetizar sobre la segunda venida de Jesucristo y Su juicio. “Vendrá nuestro Dios, y no callará; fuego consumirá delante él, y tempestad poderosa le rodeará. Convocará a los cielos de arriba, y a la tierra, para juzgar a su pueblo. Juntadme mis santos, los que hicieron conmigo pacto con sacrificio. Y los cielos declararán su justicia, PORQUE  DIOS ES EL JUEZ. (Salmo 50:3-6).

Ya que Dios es Juez, Él declara que Él ama el juicio. “Porque yo Jehová soy amante del derecho...” (Isaías 61:8).  Ahora vamos a unir esto con otro versículo en Salmo 11.  “Porque Jehová es justo, y ama la justicia...” (versículo 7). Todo lo que Dios hace es justo. “Justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras” (Salmo 145:17).  Por consiguiente, las Escrituras demuestran que Dios juzga con  justo juicio. De hecho, David declaró, “los juicios de Jehová son verdad, todos justos” (Salmo 19:9).

Dios Juzga las Naciones en Nuestro Día

Cuando Dios ejecuta juicio sobre una nación Él usa Sus leyes y mandamientos justos como la norma de medida. En el libro de Jeremías, Dios le dijo a Jeremías, “En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles, y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar.

“Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle” (Jeremías 18:7-10).

Estos versículos revelan una verdad muy importante que la mayoría de la gente no entiende. Ellos fallan a realizar que Dios  requiere que cada nación obedezca los diez mandamientos en la letra de la ley. Si esto no fuese así, entonces no existiría juicio, porque, “donde no hay ley, tampoco hay transgresión.” Cuando Dios juzga, Él demuestra Su justicia porque Él no hace acepción de personas (Romanos 2:1-16).

La historia de el pueblo de Nínive quienes se arrepintieron por la advertencia de Jonás es un ejemplo excelente del juicio justo de Dios. Por su arrepentimiento, Dios cambió su juicio de castigo contra ellos. “Y se levantó Jonás, y fue a Nínive  conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad grande en extremo, de tres días de camino. Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida.”

“Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos? Y vio Dios lo que hicieron, que se  convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo” (Jonás 3:4-10).

A lo contrario, si no hay arrepentimiento, aún después de un mensaje de advertencia ha sido dado entonces Dios ejecuta Su juicio. Sodoma y Gomorra son un ejemplo del juicio de Dios después que ellos sin duda fueron avisados por el justo Lot. En Génesis 18, cuando Dios estaba preparado para ejecutar Su juicio sobre Sodoma y Gomorra, Abraham le pidió a Dios porque él temía que su justo sobrino Lot viese sido destruido con los malvados. Nota como Abraham se dirigió hacia Dios. “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? (Génesis 18:25). Dios siempre hace lo que es justo. Porque Dios es un Dios de amor, verdad y justicia, Él rescató a Lot y sus hijas del juicio que Él trajo sobre Sodoma y Gomorra cual los consumió en el fuego y azufre. Aún hubo otro juicio ejecutado contra la esposa de Lot. El ángel les dio instrucciones específicas de no mirar hacia atrás mientras dejaban atrás a Sodoma. Pero la esposa de Lot miro hacia atrás y ella se convirtió en un pilar de sal.

Hemos visto claramente que Dios juzga individuales y las naciones del mundo. Todos los juicios de Dios son una expresión de Sus leyes y mandamientos perfectos y justos. Esto es todo hecho en verdad y santidad.

Próximo, aprenderemos que Dios espera que todas las personas hagan juicios, decisiones y opciones.

Dios Nos Creo Para Que Tomemos Decisiones--Nuestras Decisiones Personales Son Un Asunto de Vida o Muerte

La realidad de la vida incluye decisiones. La verdad es que nuestra vida diaria está llena de discernimiento, decisiones y juicios. De hecho, no pudiéramos funcionar a menos que ejecutaríamos juicio. Tenemos que escoger y decidir entre la opción  y  decisión, esto es un juicio--cuando despertar, cuando ir al trabajo, que ropa ponernos, que comida comprar y comer,  que leer, que vemos en el televisor. Tenemos que tomar decisiones, o sea juicios, sobre donde vamos a vivir, con quien  nos vamos a casar, y quien serán nuestras amistades. Tenemos que tomar decisiones financieras cual incluye comprar o rentar un hogar, comprar muebles para el hogar, comprar un carro, y pagar nuestras deudas. Y el más pretenciosamente de asuntos financieros es que tenemos que decidir cual es nuestro aumento y rendirle a Dios lo que es de Dios y a César lo que es de César.

En asuntos matrimoniales estamos constantemente haciendo juicios de relaciones de esposo/esposa. Cuando criamos niños siempre somos confrontados con decisiones y juicios, especialmente cuando tenemos que arreglar un asunto entre niños.

Cuando se relaciona a nuestra relación con Dios, tenemos que escoger a amar a Dios--cual es una decisión o juicio--con todo nuestro corazón, toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con toda nuestras fuerzas. Tenemos que escoger a orar, cuando orar y sobre que orar. Tenemos que escoger a estudiar, que estudiar y como. Tenemos que comprobar todas las cosas--cual es una decisión o juicio--y retener lo bueno.

En el análisis final, Dios nos creo y nos dio mentes para el propósito de escoger, decidir y hacer juicios. ¡Esta es la entidad  de la vida y muerte! ¡Esto es porqué Dios nos ha dado la agencia moral libre! Tenemos que decidir por nuestras decisiones y juicios si vamos amar y obedecer a Dios o no.

Dios nos ha dado agencia moral libre, por consiguiente tenemos que escoger. Él ha puesto delante de nosotros la decisión de muerte o vida. La Palabra de Dios es viva y espiritual y viviremos o moriremos por ellas por nuestras decisiones. Nota lo que Dios le ordeno a Israel. “Mira, yo he puesto delante de ti hoy LA VIDA Y EL BIEN, LA MUERTE Y EL MAL; porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella”  (Deuteronomio 30:15-16).

Para los hijos de Israel, las bendiciones que obtendrían en la tierra dependía sobre sus decisiones de escoger amar a Dios y Sus caminos. Para nosotros hoy, el resultado es aún más grande. Nosotros heredaremos el reino de Dios por toda la eternidad, no solamente la tierra física de Israel. Dios desea que nosotros escojamos vida y Sus caminos a través de Jesucristo. Si tomamos esta decisión, y juzgamos que el camino de Dios es el camino hacia la vida eterna y el bien, y es escogemos amar a Dios, entonces Él nos bendecirá con Su amor y gracia ahora. El juicio final para aquellos que lo obedecen sera la bendición de heredar la vida eterna y el reino de Dios.

A lo contrario, si escogemos a rechazar el camino de Dios y juzgar que nuestros caminos son mejor, y escogemos a alejarnos de Dios, entonces Dios traerá sobre nosotros la muerte y el mal--¡eso es Su juicio! “Mas si tu corazón se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres, yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra a donde vais, pasando el Jordán, para entrar en posesión de ella” (versículos 17-18).

El Cielo y la Tierra son los Testigos de Dios

Las opciones que Dios ha puesto delante de nosotros son tan profundas y esenciales que Él ha hecho el cielo y la tierra Sus testigos. Dios dijo, “A los cielos y a la tierra llamó por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac, y Jacob, que les había de dar” (versículos 19-20).

Sin embargo, ¡la herencia espiritual de vida eterna es mucho más importante! Jesús dijo que Abraham, Isaac y Jacob estarían en el reino de Dios. En contraste, aquellos que tomaron el juicio de no amar y obedecer a Dios no estarán en el reino de Dios. Jesús hizo eso muy claro. “Pero os dirá: Os digo que no sé de donde sois; apartaos de mi todos vosotros, hacedores de maldad.  Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a que Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos” (Lucas 13:27-28).

Dios ha puesto estas opciones de vida y bien; y muerte y maldición delante de nosotros. ¡Tenemos que escoger! Estas opciones son decisiones y juicios sobre cuál nuestra vida eterna depende. Dios está juzgándonos a través de estas opciones. El apóstol Pedro confirmó esto: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y: Si el justo con dificultad se salva, ¿En dónde aparecerá el impío y el pecador? (I Pedro 4:17-18).

El apóstol Pablo escribió del juicio de Dios sobre aquellos que lo rechazarían y sobre aquellos que lo buscan. “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que  obedecen  a  la  injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios.

Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados” (Romanos 2:4-13).

Nuestras decisiones son una cuestión de vida--vida eterna, o muerte--muerte eterna. Todos están sujetos al justo juicio de Dios.

Juzgar o no Juzgar

La mayoría de las iglesias enseñan que los cristianos no han de tomar juicios. Ellos citan varias de las Escrituras tratando de comprobar sus puntos de vista. Unas de las más usadas se encuentra en el libro de Mateo: “No juzguéis, para que no seáis juzgado” (Mateo 7:1). Esta enseñanza entonces es extendida a significar que no hemos de juzgar a alguien o cualquier cosa. ¿Pero será cierto de que un cristiano debe estar sin discernimiento y juicio? ¿Si eso fuera verdad como podemos tomar o hacer una decisión de escoger entre lo correcto y lo malo, bien y maligno, justicia y pecado, o vida y muerte? Sin embargo, vamos a aprender que existen tiempos de cuando no debemos de juzgar y hay un tiempo de cuando debemos de juzgar.

Cuando no debemos de juzgar: Las Escrituras lo hacen muy claro que no debemos de juzgar cuando no es nuestro asunto, ni cuando está fuera de nuestra autoridad. Si juzgamos cuando no debemos de juzgar, nosotros nos hacemos sensatos y críticamente condenados. La mayoría de las veces, nosotros juzgamos el corazón de la persona que estamos juzgando, sin conocer las circunstancias y los hechos. Tal juicio y condenación es obstinado y justicia propia, porque aquellos que lo hacen actualmente creen que ellos conocen los pensamientos de la persona que ellos están juzgando y condenando. Pero solamente Dios verdaderamente conoce los pensamientos de una persona. Por consiguiente, cuando juzgamos el corazón de otra persona, nos estamos sentando en el lugar de Dios y tomando prerrogativa que solamente le pertenece a Él.  Acuérdese, que solamente Dios conoce el corazón y entiende los pensamientos.

Esto es porqué el apóstol Pablo escribió que en esas circunstancias no debemos de juzgarnos unos a otros. Esto es especialmente verdadero si es un asunto de la conciencia personal cual es basado en la Palabra de Dios.  En Roma existían los vegetarianos contra los que comían carne; los que tomaban vino contra los que no tomaban vino. Cada partido estaba juzgando y condenandose a unos a los otros. Nota lo que Pablo escribió, “Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está:  Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano” (Romanos 14:10-13).

Pablo lo hace muy claro que en estos asuntos personales de conciencia delante Dios, el hermano o hermana es juzgado por Dios y no otras personas--hasta aquellos en las congregaciones locales. Es muy imprudente a causar disputas y contenciones por asuntos pequeños. Demasiado de veces las personas que juzgan y critican a otros, juzgan estas pequeñas decisiones de ser igual con asuntos doctrinales serios, pero la verdad es que no lo son. En hacer esto es semejante a que ellos están tratando de matar una mosca con un cañon obús de 105 milímetros. Cuando finalmente matan la mosca ellos han destruido la casa también.  De seguro que han matado la mosca, pero también todo y todos han sido destruidos igual.

Sin embargo, porque algunos nunca entienden el punto y con sus actitudes sensatos, ellos continúan a destruir vidas y congregaciones. Esto es lo que estaba ocurriendo en las congregaciones de Roma. En tales casos, el uno que tiene el problema más grande no es la persona que ha escogido como un asunto de conciencia de comer o no comer, o de tomar o no tomar, sin embargo es el que está causando disputa y contención. Este  tipo  de  actitud  critico, sensato, obstinado, y de justicia propia destruye vidas. Pero Dios desea que nos edifiquemos unos a los otros, no destruirnos unos a los otros. El que está condenando y obstinado está sembrando las semillas de discordia entre los hermanos, eso es lo que Dios odia (Proverbios 6:19).

Nota lo que el apóstol Pablo escribió sobre estos asuntos personales de conciencia: “Pero sí por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió. No sea, pues, vituperado vuestro bien; porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida” (Romanos 14:15-20).

Esto es exactamente lo que Jesucristo significó cuando él dijo, “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, o será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en  el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7:1-5).

Cuando alguien hace esto ellos están juzgando el corazón y los motivos de la persona. Pero solamente Dios verdaderamente puede conocer el corazón y los motivos. Esto es un mal uso de las leyes de Dios para cualquiera persona rendir una condenación personal e hipócrita de otros para que ellos puedan enaltecerse. Esta clase de condenación normalmente viene en la forma de chismografía porque ellos no se atreverían de decírselo a la persona en cara a cara.

En Romanos 2, Pablo no deja duda que Dios juzgará aquellos quienes condenan y critican a otros para poder enaltecerse. Esto es especialmente cierto si el que está juzgando al otro está cometiendo el mismo pecado. “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas hace lo mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios  contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios” (Romanos 2:1-3). ¡No! Dios es un Juez justo y le dará a todos según sus obras.

El apóstol Santiago también escribió sobre este tipo de condenación santurrona de otros. “Hermanos, no murmuréis los unos de los otros.  El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es dador de  la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro? (Santiago 4:11-12).

Santiago, lo está siendo absolutamente claro que cuando alguien toma esta actitud contra otros, él o ella está actualmente juzgando a Dios. Este era el pecado de Job. Él criticaba y juzgaba a todos. Él hasta juzgó y condenó a Dios para poder mantener su propia justicia. “Respondió Jehová a Job desde el torbellino, y dijo: Ciñete ahora como varón tus lomos; yo te preguntaré, y tú me responderás. ¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mi, para justificarte tú? (Job 40: 6-8).

Job tenía una máscara ideológica, cuál era su propio engaño, él se pensaba que él era más justo que nadie más, y tan justo que Dios no podía encontrar cualquier falta con él. Por juzgar y condenar a otros, también a Dios, Job se hizo el centro del universo y se enalteció hasta las alturas del cielo. Por esto es que Dios tuvo que confrontarse personalmente con Job. “Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo: ¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría? Ahora ciñe como varón tus lomos; yo te preguntaré, y tú me contestarás. ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular?...¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos? ¿Dispondrás tú de su potestad en la tierra? ¿Alzarástú a las nubes tu voz, para que te cubra muchedumbre de aguas? ¿Enviarás tú los relámpagos, para que ellos vayan? ¿Y te dirán ellos:Henos aquí? ¿Quién puso la sabiduría en el corazón?” (Job 38:1-6, 33-36).

Dios continúo hablando con Job, Adórnate ahora de majestad y de alteza, y vístete de honra y de hermosura [la gloria espiritual y la belleza cual Dios tiene]. Derrama el ardor de tu ira; mira a todo altivo, y abátelo. Mira a todo soberbio, y humíllalo, y quebranta a los impíos en su sitio. Encúbrelos a todos en el polvo, encierra sus rostros en la oscuridad; y yo también te confesaré que podrá salvarte tu diestra” (Job 40:10-14).

Antes que Job podría verse así mismo, Dios tuvo que remover la viga gigante que estaba en el ojo de Job.  Cuando eso fue hecho Job pudo ver claramente y se arrepintió. Nota: “Respondió Job a Jehová, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconde de ti. ¿Quién es [Job refiriéndose a él mismo] el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía [porque sus ojos estaban segados por la viga de su propia justicia]. Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas te había oído; MAS AHORA MIS OJOS TE VEN. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:1-6).

Job tuvo que aprender que era su propia justicia y una cosa horrible de hacer a juzgar a Dios y condenar a otros para poder enaltecerse. Esto es lo que Jesús significaba cuando Él dijo, “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido” (Mateo 7:1-2).

Ahora que hemos visto cuando nosotros no debemos de juzgar, necesitamos entender que existen tiempos cuando tenemos que juzgar. De hecho, si no juzgamos con justo juicio, entonces nosotros nos sostenemos responsable por la falta de juicio.

Cuando Debes de Juzgar

Existe un tiempo y una manera correcta para juzgar. De echo, si usted lee Mateo 7:1-5 cuidadosamente, usted verá que Jesús también dio instrucciones para hacer justo juicio. Él dijo,  “Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7:5).  Uno tiene que sacar primero la viga de su ojo, entonces puede tomar un juicio justo y ayudar a otro con su problema, sin ser culpable de hipocresía o ser sensato. Jesús quiere que nosotros hagamos juicios justos. Pero podemos hacer esto solamente si nos juzgamos a nosotros mismos primero, y deshacernos de cualquier actitud sensata y de propia justicia.

El apóstol Pablo entendió esto muy claramente. Él demuestra como las instrucciones de Jesús han de ser cumplidas cuando juzgando a otros para ayudarlos. “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gálatas 6:1).

Jesucristo dijo, “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio” (Juan 7:24). El error más grande que las personas cometen es que ellos se dejan llevar por las apariencias, cual es superficial. Esto es porque las Escrituras nos dan las instrucciones específicas de cómo resolver problemas--en otras palabras-- juzgad con justo juicio.

Primero, ore sobre el problema: Si existe algún problema entre usted y otro hermano o hermana en Cristo, primero usted debe de orar sobre esto. Quizás es un pecado que usted perciba que la otra persona está cometiendo. El apóstol Juan escribió, “Y ésta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida” (I Juan 5:14-16).

Cuando oremos por la otra persona, necesitamos pedirle a Dios que le abra el entendimiento para que vea el problema, o el pecado, y que la persona se arrepienta personalmente y haga la corrección. En esta manera Dios y la persona toman el juicio y el problema es resuelto sin usted, o cualquiera otra persona involucrándose. Este proceso quizás cojera tiempo, porque Dios trabajará con la persona para dirigirlo hacía el arrepentimiento. Esto siempre debe de ser hecho primero. Pero si se hace evidente que el problema no ha sido resuelto, y quizás se empeore, entonces Cristo nos instruye que debemos de ir hacia el individuo privadamente.

Segundo, vaya hacia la persona privadamente: Si después de un periodo de tiempo, la situación persiste, entonces usted tiene la responsabilidad de ir hacia la persona para hablar el asunto con él o ella privadamente. Pero primero, saque la viga de su propio ojo y considere sus propias faltas y debilidades para que el problema pueda ser resuelto en el espíritu de amor y en vínculo de paz. “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano” (Mateo 18:15).  Dios espera que resolvemos los problemas en este nivel, de persona a persona. Si esta situación ocurre, Dios espera que nosotros tomemos toda la medida para resolver la dificultad en un actitud de amor y verdad. Si el problema es resuelto en este nivel, hasta ahí llega el problema. Esto es como el amor cubre multitudes de pecados y no sigue siendo un problema. Pero si el problema no puede ser resuelto en este nivel de persona a persona, entonces Cristo nos da aún más instrucciones de cómo resolver el problema.

Tercero, toma uno o dos para poder resolver el problema: “Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra” (Mateo 18:16). Si llega a este nivel entonces es algo más serio. Pero con el actitud correcto de amor y humildad, noventa y nueve por ciento de los problemas deben de ser resueltos con justo juicio. Esta es la responsabilidad entre los hermanos. No es la responsabilidad del ministerio para ordenar y controlar para arbitrar tales disputas.  Dios espera que cada uno personalmente ejercite justo juicio y resuelva sus propios problemas personales. Pero a veces, los problemas son tan grandes que los primeros tres pasos no trabajan. Si eso es el caso entonces Cristo nos da el último paso.

Cuarto, dilo a la iglesia: “Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia” (Mateo 18:17). Esto no significa que el problema debe de ser llevado al ministerio. Esto significa que el problema es llevado hacia la congregación local, en una reunión especial, y la congregación entera tiene que tomar la decisión. El ministro esta involucrado en este esfuerzo y él sin duda funcionará como un árbitro en tal reunión. Pero el juicio no es del ministro sino de la congregación.  Ellos han de juzgar con justo juicio.  Si el problema no es resuelto entonces la congregación tiene la responsabilidad de sacarlo de la congregación. “ y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano” (Mateo 18:17).

La decisión es atada en el cielo: El procedimiento entero que Jesucristo dio en Mateo 18:15-17, es tan importante que Él dijo que todo de lo que estaría de acuerdo, sería atado en el cielo o desatado, dependiendo en la decisión. Esto incluye la reunión de dos individuos cara a cara, o dos o tres personas, o la decisión de la congregación. Nota: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:18-19).

Esto es exactamente lo que el apóstol Pablo instruyó a la congregación de Corintios que hicieran con el hombre que estaba cometiendo incesto con su madrastra. Él fue bien enfático en su instrucciones: “De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aunque se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, REUNIDOS VOSOTROS y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (I Corintios 5:1-5).

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Updated October 8, 2008