Los Dos Jehovás de los Salmos-3

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Los Dos Jehovás de Salmo 22

Otro salmo que nos dejaba saber antemano sobre la relación de Padre/Hijo entre los dos Seres divinos del Antiguo Testamento es Salmo 22. Este salmo revela los pensamientos personales y emociones profundas del Ser divino quien era profetizado hacerse el Hijo como Él previó la agonía de Su crucifixión y la resurrección alegre que seguiría. Su oración a Su Padre está lleno de detalles gráficos y profecías específicas con respecto a la crucifixión.

En Su oración, el Ser divino quien se haría el Hijo le habla al Ser divino quien se haría el Padre como El [Hebreo]. Como hemos visto en Salmo 16, El también es usado en el Antiguo Testamento como un nombre del Ser divino quien se hizo más luego el Hijo. En Salmo 22, El se refiere al Ser divino quien se hizo el Padre, demostrando que ambos Seres divinos en la Deidad se conocían como El.

Es en el primer versículo de Salmo 22 que encontramos el nombre El usado en referencia hacia el Ser divino quien se haría el Padre. En versículo 2 de este salmo, este mismo Ser divino es llamado Elohim. Aquí está la oración del Mesías hacia Su futuro padre:

“Dios mío, Dios mío [Hebreo El, el Ser divino quien se haría el Padre], ¿por qué me has desamparado [el futuro Hijo]? ¿por qué estas [el Padre] tan lejos de mi [el Hijo] salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios [Hebreo Elohim, refiriéndose al Padre] mío, clamo [el Hijo] de día, y no respondes; y de noche, y no hay para mí reposo. Pero tú [el Padre] eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres, esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; confiaron en ti, y no fueron avergonzados. Más yo [el Hijo] soy gusano, y no hombre, oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen, estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó [el Hijo] a Jehová [Hebreo Jehová, refiriéndose al Padre], líbrele él [el Hijo]: Sálvele [el Padre], puesto que en él [el Padre] se complacida” (Salmo 22:1-8).

Nota que en versículo 8 el futuro Hijo llama al Ser divino quien se haría el Padre por el nombre Jehová. En versículos 1 y 2, este mismo Ser es llamado por los nombres El y Elohim. El hecho que el Jehová quien se haría el Padre esllamadopor dos otros nombres en el mismo pasaje demuestra que los tres nombres divinos de El, Elohim y Jehová son usados intercambiablemente en las Escrituras. Cuando nosotros examinamos el uso de estos nombres en otros pasajes bíblicos, encontramos una revelación que nos deja con los ojos abiertos. Contrario a lo que muchos han aclamado, estos nombres del Antiguo Testamento no se refieren exclusivamente al Ser divino quien se hizo el Padre. El uso de estos nombres divinos en el libro de los Salmos y otras Escrituras nos enseñan que los tres nombres eran compartidos igualmente por ambos Seres divinos en la Deidad.

La oración del futuro Mesías hacía el Ser divino quien se haría el Padre continúa en versículo 9 y los siguientes versículos de Salmo 22. Cuando leemos estos versículos, encontramos una descripción gráfica de la crucifixión de Jesucristo. Nota las profecías detalladas que fueron cumplidas cuando Él murió:

“Pero tú [el Padre] eres el que me sacó [el Hijo] del vientre: El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti [el Padre] fui echado [el Hijo] desde antes de nacer; desde el vientre de mi madre; tú eres mi Dios [Hebreo El]. No te alejes de mi [el Hijo], porque la angustia está cerca; porque no hay quien me ayude. Me han rodeado muchos toros; fuertes toros de Basán me han cercado. Abrieron sobre mi su boca como león rapaz y rugiente. He sido [el Hijo] derramado como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron, mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto [el Padre] en el polvo de la muerte [el Hijo]. Porque perros me han rodeado, me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos y sobre mi ropa echaron suertes [citado en Mateo 27:35, Marcos 15:24, Lucas 23: 34 y Juan 19:24] ” (Salmo 22:9-18).

Como notado anteriormente, todos los escritores de los cuatro Evangelios registraron esta profecía de la crucifixión de Jesucristo, demostrando que Él verdaderamente era el divinamente ordenado Mesías del salmo de David. Mientras continuamos a leer la oración del Mesías en este salmo, encontramos que Sus pensamientos cambian de la agonía de Su muerte profetizada hacia la salvación que traería a muchos. Él habla del nuevo Israel espiritual--los hijos de Abraham por la fe--quienes le daría la alabanza a Dios por la salvación maravillosa que Él había forjado.

Vamos a leer las palabras del Mesías en los siguientes versículos de Salmo 22. Nota que en el versículo 19, el primer versículo de esta sección, el Mesías de nuevo llama al Padre como Jehová en el texto original Hebreo. Este versículo es uno de los 134 lugares donde el nombre Jehová fue cambiado por los Masoritas Levíticos a leer Adonay. No importa el cambio del nombre, está muy claro que el Ser divino en versículo 19 es el mismo Ser divino que encontramos (Jehová) en versículo 8. En el siguiente pasaje, Él es llamado de nuevo Jehová en versículo 23. En cada ocurrencia del nombre, el contexto revela que este Ser divino es el futuro Padre del Mesías.

“Más tú [el Padre], Jehová [Hebreo Adonay, el Padre], no te alejes [del Hijo]; Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme [el Hijo]. Libra de la espada mi alma, del poder del perro mi vida. Sálvame de la boca del león, y librame [el Hijo] de los cuernos de los búfalos. Anunciaré [el Hijo] tu nombre [del Padre] a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré [citado en Juan 20:17] . Los que teméis a Jehová [Hebreo, refiriéndose al Padre], alabadle [el Padre]; Glorificadle [el Padre], descendencia toda de Jacob, y temedle [el Padre] vosotros descendencia toda de Israel. Porque no menospreció [el Padre] ni abominó la aflicción del afligido, ni de él [el Hijo] escondió su [el Padre] rostro; Sino que cuando clamó [el Hijo] a él [el Padre], le oyó. De ti [el Padre] será mi [el Hijo] alabanza en la gran congregación; Mis [el Hijo] votos pegaré delante de los que le temen [el Padre]” (Salmo 22:19-25).

En la última sección de Salmo 22 de nuevo encontramos el mismo nombre Jehová. Este nombre ocurre cuatro veces en esta sección--en versículos 26,27,28 y 30. Pero en estos versículos, como el contexto revela, el nombre Jehová no se refiere al Ser divino quien se haría el Padre. Cada ocurrencia del nombre Jehová en esta parte de Salmo 22 es una referencia específica del Ser divino quien se haría el Hijo. Esta verdad se hace evidente cuando leemos versículo 28, donde este Jehová es revelado como el Mesías profetizado a gobernar todas las naciones.

La última ocurrencia del nombre Jehová en Salmo 22 se encuentra en versículo 30 del texto original Hebreo. El nombre Jehová en este versículo fue cambiado por los Masoritas Levíticos a leer Adonay. Acuérdate que ellos también cambiaron el nombre Jehová en versículo 19. El cambio en versículo 30 fue su segundo modificación del nombre Jehová en Salmo 22. Es muy interesante a notar que en versículo 19, el nombre Jehová se refiere al Ser divino quien se haría el Padre. En versículo 30, el nombre Jehová se refiere al Ser divino quien se haría el Hijo. En el texto original Hebreo, estos dos versículos claramente revelan la existencia de dos Jehovás. Aquí están las palabras inspiradas de David con respecto al Jehová quien se haría el Hijo:

“Comerán los humildes, y serán saciados; alabarán a Jehová [Hebreo, refiriéndose al Hijo] los que le buscan; vivirá vuestro corazón para siempre. Se acordarán, y se volverán a Jehová [Hebreo, el Hijo] todos los confines de la tierra, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti [el Hijo]. Porque de Jehová [Hebreo, refiriéndose al Hijo] es el reino, y él [el Hijo] que regirá las naciones. Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra; se postrarán delante de él [el Hijo] todos los que descienden al polvo, aun el que no puede conservar la vida a su propia alma. La posteridad le servirá [el Hijo]; esto será contado de Jehová [Hebreo Adonay, originalmente Jehová, refiriéndose al Hijo]hasta la postrera generación. Vendrán, y anunciarán su justicia; a pueblo no nacido aún, anunciarán que él [el Hijo] hizo esto” (Salmo 22:26-31).

Los escritores de los cuatro Evangelios citan a Salmo 22 como prueba que Jesucristo era el Mesías profetizado--el Jehová del Antiguo Testamento quien se hizo el Hijo. El Nuevo Testamento nos enseña más allá de la sombra de duda que Jesucristo había existido eternamente como Dios antes que Él se hizo carne y hueso. La profecía de David en versículo 28 de Salmo 22, con respecto el Jehová quien gobernará todas las naciones, también demuestra que el resucitado Jesucristo fue restaurado a Su gloria que tenía anteriormente y regresará a la tierra para gobernar para siempre como Dios.

Salmo 22 Fue la Última Oración de Cristo

La oración profética del Jehová/Mesías en Salmo 22 es citado en el Nuevo Testamento como la última oración Jesucristo antes que Él murió. En sus Evangelios, Mateo y Marcos ambos fueron inspirados para registrar el lamento angustiado de Jesus durante Su sufrimiento, como fue profetizado en el primer versículo de Salmo 22: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46, Marcos 15:34). El Evangelio Juan indica que Jesús quizá habló el salmo entero durante Su crucifixión. Juan registra que las últimas palabras de Jesus antes de Su muerte eran, “Consumado es” (Juan 19:30). Como The Companion Bible [La Biblia Compañera”] explica, este es el significado actual y la traducción correcta de las últimas palabras de Salmo 22.

Aunque quizás si o no Jesus habló el salmo entero en voz alta, es muy seguro que cada versículo era una realidad en Su mente ya que Él sabía que la muerte se acercaba. Como el Jehová del Antiguo Testamento quien se haría el Hijo, Él había inspirado a David a escribir estos versículos. Sus palabras contenían un mensaje de ambos angustia y gozo, prediciendo Su grave sufrimiento y la gloria triunfante que seguiría. Él miraba hacia no solamente Su gobernación sobre todas las naciones, sino también a la salvación eterna que Su muerte traería a muchos, cuales Él llama “Mis hermanos” (versículo 22). Era Su gran amor para Sus futuros hermanos, y Su deseo para compartir Su gloria con ellos, que lo llevó a la humillación y agonía de la crucifixión. ¡Aun mientras Él sufría, Él miraba más allá de esta muerte cruel y vergonzosa hacía el gozo de traernos la gloria! Como el apóstol Pablo que fue inspirado a escribir, “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciado el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2).

Cuando Jesús dijo, “consumado es,” y respiró su última respiración, Él sabía que Él sería resucitado hacía inmortalidad--como “el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29). Jesús es el primero de muchos que serán resucitados para hacerse los hijos inmortal de Dios--aquellos quien Jesus llama “Mis hermanos” (Hebreos 2:10-13). ¡Esta verdad maravillosa es revelada en la oración del Jehová/Mesías de Salmo 22!

El Jehová Elohim de Salmo 89

Salmo 89 es uno de los dos salmos que revelan que los dos Seres divinos del Antiguo Testamento eran ambos conocidos no solamente como Jehová pero también como Jehová Elohim. Mientras ambos Seres divinos son mencionados en Salmo 89, solamente uno de ellos es llamado Jehová Elohim en este salmo. Sin embargo, en el siguiente salmo, Salmo 90, el otro Ser divino es llamado Jehová Elohim. Vamos primero a examinar Salmo 89.

En el primer versículo, David le da alabancia a Jehová por Su misericordia y fidelidad. En versículos 5 y 6, él lo exalta como Jehová, y en versículo 7 como El. En el siguiente versículo, él llama al mismo Ser divino como Jehová Elohim. Aquí están las palabras inspiradas de David:

“Las misericordias de Jehová [Hebreo] cantaré perpetuamente; de generación en generación haré notoria tu fidelidad con mi boca. Porque dije: Para siempre será edificada misericordia; en los cielos mismos afirmaras tu verdad. Hice pacto con mi escogido; juré a David mi siervo, diciendo: Para siempre confirmaré tu descendencia, y edificaré tu trono por todas las generaciones. Celebrarán los cielos tus maravillas, oh Jehová [Hebreo], tu verdad también en la congregación de los santos. Porque ¿quién en los cielos se igualará a Jehová [Hebreo]? ¿Quién será semejante a Jehová [Hebreo] entre los hijos de los potentados? Dios [Hebreo El] temible en la gran congregación de los santos, y formidable sobre todos cuantos están alrededor de él. Oh Jehová, Dios [Hebreo Jehová Elohim]de los ejércitos, ¿Quién como tú? Poderoso eres, Jehová [Hebreo Jah], y tu fidelidad te rodea” (Salmo 89:1-8). Nota que en el versículo 8 que en adición del nombre Jehová Elohim, David usa el nombre Jah cuál es una forma de Jehová.El hecho que David fue inspirado por el Espíritu Santo a usar estos varios nombres divinos demuestra que Dios no tiene “un nombre sagrado” por cuál él tiene que ser llamado.

En los siguientes versículos, David continúa su cántico de alabanza hacia Jehová. En versículo 19, él se refiere de un segundo Ser divino como “Tu Santo,” demostrando que el Jehová de quien el habla en este salmo es el Padre del Mesías. Nota las palabras de David:

“Tú tienes dominio de sobre la braveza del mar; cuando se levantan sus ondas, tú las sosiegas. Tú quebrantaste a Rahab como a herido de muerte; con tu brazo poderoso esparciste a tus enemigos. Tuyos son los cielos, tuya también la tierra, el mundo y su plenitud, tú lo fundaste. El norte y el sur, tú los creaste; el Tabor y el Hermón cantarán en tu nombre. Tuyo es el brazo potente; fuerte es tu mano, exaltada tu diestra. Justicia y juicio son el cimiento de tu trono, misericordia y verdad van delante de tu rostro. Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte, andará oh Jehová [Hebreo], a la luz de tu rostro. En tu nombre se alegra todo el día, y en tu justicia será enaltecido. Porque tú eres la gloria de su potencia, y por tu buena voluntad acrecentarás nuestro poder. Porque Jehová [Hebreo, el Padre del Mesías] es nuestro escudo, y nuestro rey es el Santo de Israel [Su Hijo el Mesías]. Entonces hablaste [el Padre] en visión a tu santo [el Hijo], y dijiste: He puesto el socorro sobre uno que es poderoso; He exaltado a un escogido de mi pueblo” (Salmo 89:9-19).

Aquí encontramos un Ser divino, el futuro Padre, hablándole a otro Ser divino, el futuro Hijo y Mesías, con respecto a David, el gobernante escogido por Su gente. En la próxima sección de Salmo 89, mientras hablándole directamente a David, también es una profecía del reinado de su futuro descendiente--el Mesías. Este significado dual es evidente en los siguientes versículos:

Hallé a David mi siervo [citado en Hechos 13:22]; lo ungí con mi santa unción. Mi mano estará siempre con él, mi brazo también lo fortalecerá. No lo sorprenderá el enemigo, ni hijo de iniquidad lo quebrantada; sino que quebrantare delante de él a sus enemigos, y heriré a los que le aborrecen. Mi verdad y mi misericordia estarán con él, y en mi nombre será exaltado su poder. Asimismo pondré su mano sobre el mar, y sobre los ríos su diestra. El me clamará: Mi padre eres tú, mi Dios [Hebreo El], y la roca [Hebreo Zur] de mi salvación. Yo también le pondré por primogénito, el más excelso [Hebreo Elyon, significando “el Más Altísimo,” refiriéndose del Mesías] de los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia, y mi pacto será firme con él. Pondré su [el Mesías] descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos. Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios, si profanaren mis estatutos, y no guarden mis mandamientos, entonces castigare con vara su rebelión, y con azotes su iniquidades. Mas no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad. No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia [el Mesías] será para siempre, y su trono como el sol delante de mí. Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo. Selah” (Salmo 89:20-37).

Como demostrado anteriormente, versículo 20 es citado por el apóstol Pablo en el libro de Hechos. Cuando él les predicaba a los Judíos de Antioquía sobre Cristo, Pablo identificó al Jehová de Salmo 89 como el Padre del Mesías. Aquí está el testimonio inspirado de Pablo:

“Quitando [Dios] éste [Saúl], les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero. De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios [el Jehová de Salmo 89] levantó a Jesús por salvador a Israel” (Hechos 13:22-23).

Pablo claramente identifica el Jehová quien habló estas palabras en Salmo 89 como el Padre de Jesucristo, el Mesías prometido de la descendencia de David. En la última sección de Salmo 89, David de nuevo le habla a Jehová el Padre, pidiéndole a Él que se recordara de Su pacto con David. En versículo 51, encontramos otra referencia del prometido Mesías. Como en otros pasajes que revelan dos Seres divinos, los Masoritas cambiaron el texto original. Nota que existen dos cambios del nombre Jehová en los siguientes versículos:

“Mas tú desechaste y menospreciaste a tu ungido [David], y te has airado con él. Rompiste el pacto de tu siervo; has profanado su corona hasta la tierra. Aportillaste todos sus vallados; has destruido sus fortalezas. Lo que saquean todos los que pasan por el camino; es oprobio a sus vecinos. Has exaltado la diestra de sus enemigos; has alegado a todos sus adversarios. Embotaste asimismo el filo de su espada, y no lo levanta este en la batalla. Hiciste cesar su gloria, y echaste su trono por tierra. Has acortado los días de su juventud; le has cubierto de afrenta. Selah. ¿Hasta cuándo, oh Jehová [Hebreo, el Padre del Mesías]? ¿Te esconderás para siempre? ¿Arderá tu ira como el fuego? Recuerda cuán breve es mi tiempo; ¿Por qué habrás creado en vano a todo hijo de hombre? ¿Qué hombre vivirá y no verá muerte? ¿Librará su vida del poder del Seol [sepulcro]? Selah. Señor [Hebreo Adonay, originalmente Jehová, refiriéndose al Padre del Mesías], ¿Dónde están tus antiguas misericordias, que juraste a David por tu verdad? Señor [Hebreo Adonay, originalmente Jehová, de nuevo refiriéndose al Padre], acuérdate del oprobio de tus siervos; oprobio de muchos pueblos, que llevo en mi seno. Porque tus enemigos, oh Jehová [Hebreo Jehová, el Padre] , han deshonrado, porque tus enemigos han deshonrado los pasos de tu ungido [el Mesías]. Bendito sea Jehová [Hebreo, el Padre] para siempre. Amén, y Amén” (Salmo 89:38-52).

Como Pablo confirma en el Nuevo Testamento, el Jehová de Salmo 89 es el Ser divino quien se hizo el Padre. En Salmo 89, este Ser divino es llamado por varios nombres, incluyendo Jehová Elohim. En el siguiente salmo, veremos que el Ser divino quien se hizo Su Hijo, el Mesías, también era conocido por el nombre Jehová Elohim.

El Jehová Elohim de Salmo 90

Salmo 90, una oración de Moisés, se dirige al Jehová quien se haría el Hijo. En el texto original Hebreo, el nombre Jehová fue encontrado tres veces en este salmo--en versículos 1,13, y 17. Los Masoritas cambiaron versículos 1 y 17 para que Jehová leyera Adonay. Antes de este cambio, versículo 17 revelaba que el Ser divino quien se hizo el Hijo también era conocido en los tiempos del Antiguo Testamento como Jehová Elohim. Moisés empieza su oración llamando este Ser divino como ambos Jehová y El. Aquí está la oración de Moisés hacia el Ser divino quién era profetizado hacerse el Hijo:

Señor [Hebreo Adonay, originalmente Jehová], tú nos has sido refugio de generación en generación. Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo hasta el siglo, tú eres Dios [Hebreo El]. Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, y dices: Convertíos, hijos de los hombres. Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó [citado en II Pedro 3:8], y como una de las vigilias de la noche” (Salmo 90:1-4).

En estos versículos, no encontramos cualquiera declaración directa para mostrarnos que el Jehová y El de quien Moisés está hablando es el futuro Mesías. Para poder saber cuál es el Ser divino en la oración de Moisés, tenemos que ir al Nuevo Testamento. Es el apóstol Pedro quien nos permite saber que Moisés le estaba hablando al Jehová quien se haría el Mesías. Cuando Pedrocito versículo 4 de Salmo 90, era en referencia de la segunda venida de Jesucristo. Pedro nos dice que “con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día,” y explica, “El Señor no retarda su promesa [de regresar]” (II Pedro 3:8-9).

La interpretación de Pedro de las palabras de Moisés claramente identifica al Jehová y El de Salmo 90 como el Ser divino quien se hizo Jesucristo, el prometido Mesías. Vamos a leer el resto de la oración de Moisés, y veremos que este Ser divino también era conocido en los tiempos del Antiguo Testamento como Jehová Elohim:

“Los arrebatas como con torrente de aguas; son como sueño, como la hierba que crece en la mañana. En la mañana florece y crece; a la tarde es cortada, y seca. Porque con tu furor somos consumidos, y con tu ira somos turbados. Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros yerros a la luz de tu rostro. Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira; acabamos nuestros años como un pensamiento. Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volvamos.¿Quién conoce el poder de tu ira, y tu indignación según que debes ser temido? Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. Vuélvete, oh Jehová [Hebreo, el futuro Hijo]; ¿hasta cuándo? Y aplácate para con tus siervos. De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días. Alégranos conforme a los días que nos afligiste, y los años en que vivimos mal. Aparezca en tu siervos tu obra, y tu gloria sobre sus hijos. Sea la luz de Jehová [Hebreo] nuestro Dios [Hebreo Elohim] sobre nosotros, y la obra de nuestras manos confirma sobre nosotros; sí, la obra de nuestras manos confirma” (Salmo 90:5-17).

Salmo 90, como originalmente inspirado y escrito, revela que el Ser divino de la oración de Moisés es llamado Jehová Elohim. El apóstol Pedro revela que este Jehová Elohim de Salmo 90 se hizo Jesucristo, el prometido Mesías y Hijo. Como hemos visto en Salmo 89, el Padre del Mesías también era conocido como Jehová Elohim. ¡Cuando correctamente entendido, Salmo 89 y Salmo 90 revelan la existencia de dos Jehová Elohim!

En Salmo 118, de nuevo encontramos el Ser divino quien se hizo el Padre llamado como ambos Jehová y Elohim. Este salmo también nos enseña que el Ser divino quien se hizo el Hijo era ambos Jehová y Jah. Vamos a examinar Salmo 118 en la luz del Nuevo Testamento.

Los Dos Jehovás de Salmo 118

Sin el Nuevo Testamento, nosotros no sabríamos que los dos Jehovás son revelados en Salmo 118. Cuando leemos este salmo, parece que se refiere solamente a un Ser divino. Tal vez eso es porque los Masoritas no cambiaron ningunos de los versículos en Salmo 118, aunque el nombre Jehová ocurre varias veces. Vamos a leer los primeros versículos en este salmo, y después veremos como Pablo los interpretó. Nota que en versículo 5 David llama este Jehová como Jah.

“Alabad a Jehová [Hebreo], porque éles bueno; porque para siempre es su misericordia. Diga ahora Israel, que para siempre es su misericordia. Diga ahora la casa de Aarón, que para siempre es su misericordia. Digan ahora los que temen a Jehová [Hebreo], que para siempre es su misericordia. Desde la angustia invoqué a JAH [Hebreo], y me respondió JAH [Hebreo], poniéndome en lugar espacioso. Jehová [Hebreo] está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre [citado en Hebreo 13:6] ” (Salmo 118:1-6).

Como notado anteriormente, versículo 6 es citado por el apóstol Pablo en su epístola hacia los Hebreos. En el Nuevo Testamento, Pablo claramente identifica el Ser divino quién es llamado ambos Jehová y Jah en el principio de Salmo 118. Aquí está el testimonio inspirado de Pablo: “....porque él [Jesús] dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Hebreos 13:5-6).

Las palabras inspiradas de Pablo claramente identifican el Jehová y Jah de Salmo 118:5-6 como el Ser divino quien se hizo el Mesías y Hijo--Jesucristo. Esta verdad es hecho más claro que los siguientes versículos de Salmo 118, adonde este Jehová es profetizado hacerse el Camino de salvación:

Jehová [Hebreo, el Hijo] está conmigo entre los que me ayudan; por tanto, yo veré mi deseo en los que me aborrecen. Mejor es confiar en Jehová [Hebreo, el Hijo] que confiar en el hombre. Mejor es confiar en Jehová [Hebreo, el Hijo] que confiar en príncipes. Todas las naciones me rodearon; mas en el nombre de Jehová [Hebreo, el Hijo] yo las destruiré. Me rodearon y me asediaron; mas en el nombre de Jehová [Hebreo, el Hijo] yo las destruiré. Me rodearon como abejas; se enardecieron como fuego de espinos; mas en el nombre de Jehová [Hebreo, el Hijo] yo las destruiré. Me empujaste con violencia para que cayese, pero me ayudó Jehová [Hebreo, el Hijo] . Mi fortaleza y mi cántico es JAH [Hebreo, el Hijo], y él me ha sido por salvación. Voz de jubilo y de salvación hay en las tiendas de los justos; la diestra de Jehová [Hebreo, el Hijo] hace proezas. La diestra de Jehová [Hebreo, el Hijo] es sublime; la diestra de Jehová [Hebreo, el Hijo] hace valentías. No moriré, sino que viviré, y contaré las obras de JAH [Hebreo, el Hijo]. Me castigó gravemente JAH [Hebreo, el Hijo], mas no me entregó a la muerte. Abridme las puertas de justicia, entraré por ellas, alabaré a JAH [Hebreo, el Hijo] . Esta puerta de Jehová [Hebreo, el Hijo] ; por ella entraran los justos. Te alabaré porque me has oído, y me fuiste por salvación” (Salmo 118:7-21).

Los últimos versículos en Salmo 118 claramente son proféticos. Algunos de estos versículos fueron citados por Jesucristo y Su apóstoles, como registrado en varias escrituras del en Nuevo Testamento. Esta evidencia inspirada testifica que Jesucristo era el Ser divino de Salmo 118 quien era profetizado hacerse el Mesías.

Cuando leemos los últimos versículos en Salmo 118, encontramos que no solamente predicen la venida del Mesías, pero también hablan del Jehová quién sería Su Padre. Pues se hace muyevidente que existen dos Jehovás en este salmo. Nota que en los siguientes versículos, el nombre Jehová no se refiere más al Hijo, como en los anteriores versículos:

La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. De parte de Jehová [Hebreo, refiriéndose al Padre] es esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos [citado en Mateo 21:42, Marcos 12:10-11, Lucas 20:17, Hechos 4:11, I Pedro 2:4]. Este es el día que hizo Jehová [Hebreo, refiriéndose al Padre]; nos gozaremos y alegraremos en él. Oh Jehová [Hebreo, el Padre], salvanos ahora, te ruego; te ruego, oh Jehová [Hebreo, el Padre], que nos hagas prosperar ahora. Bendito el que viene [el Mesías] en el nombre de Jehová [Hebreo, el Padre]; [citado en Mateo 21:9; 23:39, Marcos 11:9, Lucas 13:35; 19:38, Juan 12: 13] desde la casa de Jehová [Hebreo, el Padre] os bendecimos, Jehová [Hebreo, el Padre] es Dios [Hebreo El], y nos ha dado luz; atad víctimas con cuerdas a los cuernos del altar. Mi Dios [Hebreo El] eres tú, y te alabaré; Dios [Hebreo Elohim] mío, te exaltaré. Alabad a Jehová [Hebreo, el Padre], porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia” (Salmo 118:22-29).

Como interpretado en el Nuevo Testamento, el Jehová en estos últimos versículos de Salmo 118 es el Ser divino quien se hizo el Padre. En estos versículos este Jehová también es llamadopor los nombres El y Elohim. Aquí está más evidencia Bíblica que estos nombres son usados intercambiablemente. El uso de los nombres divinos Jehová, Jah, El, Elohim, y Jehová Elohim en Salmo 118 y otros salmos también nos enseña que estos nombres se refierena dos Seres divinos. El Nuevo Testamento revela que uno de estos Seres divinos se hizo el Hijo y Mesías--Jesucristo--y el otro Ser divino se hizo Su Padre. Pues con esto podemos ver que ambos el Antiguo y Nuevo Testamentos afirman que existen dos Seres divinos que son Dios. En ningún lugar de las Escrituras se encuentra que existen más de dos.

Contrario a la carencia popular de los que se dicen ser cristianos, ¡Dios no es una Trinidad! Esta doctrina engañosa ha sido presentada como una enseñanza de las Escrituras cuando en realidad está contra ellas. Las Escrituras revelan el Espíritu Santo como el poder de Dios--no como una “persona” divina o un Ser. Aquellos que aceptan y promuevan la doctrina de la Trinidad están basando su creencia en mitos antiguos y filosofías vanas de los hombres. Estas falsas ideas son presentadas religiosamente que aparentan a iluminar pero en actualidad oscurecen las mentes de los oyentes para que no puedan entender la simple verdad de las Escrituras. Por eso es que la mayoría de los que se profesan ser cristianos no entienden la verdadera naturaleza de Dios.

Si deseamos a conocer el verdadero Dios--para adorarlo en Espíritu y el verdad--tenemos que deshacernos de cada falsa idea y cada razonamiento vano que se exalta contra Su Palabra. Tenemos que aguantar la verdad que es revelada en las Escrituras--que ambos el Padre y Su Hijo Jesucristo son Dios. Ellos son los dos Jehovás del Antiguo Testamento y los dos Kurios del Nuevo. Ellos igualmente son Theos, como el apóstol Pablo nos enseña. Aquellos que declaran a lo contrario están reemplazando la verdad de las Escrituras con las filosofías vanas de los hombres. Estas enseñanzas engañosas han sido usadas por siglos por Satanás para socavar la fe de los cristianos. El Nuevo Testamento contiene muchas escrituras que estuviéramos en alerta contra tales enseñanzas falsas.

Hoy en día, falsos maestros adentro de las iglesias de Dios están rechazando la verdad de las Escrituras y están promoviendo la “nueva enseñanza” que Jesús nunca era Dios y que Él nunca será Dios. Ellos declaran que ningún--espíritu o carne--pueda ser glorificado como Dios. Ellos están rechazando el Cristo quien murió por ellos, y quien ha sido glorificado con la gloria del Padre (Juan 17:5), y ellos están rechazando el mismo propósito por cuál Él murió--para compartir esa gloria con muchos hermanos (Hebreo 2:10-13).

Estas falsas doctrinas cuáles niegan la verdad de las Escrituras no son nada de nuevo. Estas mismas doctrinas engañosas estaban afectando las iglesias de Dios en los días del apóstol Juan. Juan escribió su evangelio para combatir estas falsas enseñanzas y para confirmar la verdad de Dios. Juan empieza su evangelio por proclamando la pre-existencia de Jesucristo como “el Verbo,” quien “estaba con Dios [Griego Theos] y “era Dios” [Griego Theos] desde el principio(Juan 1:1-2). Juan usa la palabra Griega Theos para nombrar ambos Dios y el Verbo para demostrar que el Verbo era idéntico en naturaleza al Dios con quien Él existía eternamente.

Falsos maestros no quieren aceptar la verdad que el Verbo también era Dios. Ellos están disponibles a reconocer que Theos significa en la frase “con Dios,” pero ellos dicen que no significa Dios en el frase “era Dios.” Ellos reclaman que cuando Juan escribió que el Verbo “era Dios” significaba que el Verbo era “divino.” Ellos dicen que “divino” significa la propiedad o característica de Dios, tal como Sus pensamientos y Sus palabras habladas. Su definición de el Verbo de Dios es idéntico al concepto de Logos dela filosofía Griega y Judaísmo Gnóstico como era enseñado durante los días de los apóstoles. ¡Estos falsos maestros están actualmente sobreponiendo conceptos filosóficos paganos sobre las Escrituras! Cuando ellos citan el primer versículo del evangelio de Juan, ellos cambian la verdad de las Escrituras por interpretando mal el verdadero significado de Theos para acomodar sus falsos conceptos filosóficos. ¡Estas son las mismas enseñanzas que Juan estaba combatiendo a través de sus escrituras!

El texto Griego revela la falacia de su razonamiento. Es contrario a las reglas de lenguaje a darle a la palabra Griega Theos dos significados diferentes en el mismo versículo. Si somos honestos con las Escrituras, tendremos que reconocer si Theos es definido como “Dios” en la primera frase de Juan 1:1, también tiene que ser definido como “Dios” en la segunda frase. Juan quiso decir exactamente lo que el escribió. El Verbo no era simplemente el “habla” o el “pensamiento” de Dios, sino era igualmente Dios--un Ser divino distinto y separado. Cuando Juan nos dice que el Verbo se hizo carne (versículo 14), él quiere que entendámos que el Verbo era una Persona divina quien había vivido eternamente.

Juan amplifica esta verdad es su primera epístola por declarar, “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (I Juan 1:1-3).

En el libro de Apocalipsis, Juan demuestra que el Verbo que había existido eternamente quien se hizo Jesucristo en la carne ha regresado a Su estado glorificado. Juan describe la apariencia de este Ser divino poderoso en detalle (Apocalipsis 19:13-16). Recuérdate que este Ser poderoso quien regirá las naciones con una vara de hierro es el mismo Ser divino que es nombrado Jehová en Salmo 2:11. ¡El Verbo del Nuevo Testamento es el Jehová del Antiguo Testamento quien se hizo Jesucristo!

Ambos el Antiguo y Nuevo Testamentos proclaman la pre-existencia eterna de Jesucristo como uno de los dos Jehovás. Desde Génesis hasta Apocalipsis, las Escrituras están llenas con testimonios de Su existencia eterna como Dios. La misma estructura de los textos Hebreos y Griegos nos da evidencia irrefutable de Su co-igualdad con Dios. Esta verdad es innegable cuando entendemos las reglas de lenguaje y el uso de las palabras Hebreo y Griego.

En el siguiente estudio, estudiaremos más de la evidencia bíblica a través de aprender más sobre los nombres Jehová, Elohim y otros nombres de Dios en la manera que estos nombres son definidos por las reglas de lenguaje, conocido como sintaxis. Veremos que los nombres Hebreos de Dios como son usados en el Pentateuco y los libros de los profetas desafían la enseñanza de un sólo Ser divino.

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Updated August 25, 2008