Creencias-Sección Cinco

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RESPONSABILIDAD FINANCIERA DEL CRISTIANO

Responsabilidad Hacia la Familia:

Las Escrituras enseñan que los Cristianos deben de proveer para sus familias con mucha diligencia. Cualquier Cristiano que puede trabajar pero no hace un esfuerzo para mantener a su familia es peor que un infiel. Jesucristo Él mismo enseñó que un Cristiano debe de proveer primero para su familia antes de usar los ingresos personales para otros propósitos, incluyendo ofrendas para Dios. Jesús condenó a los judíos que dieron ofrendas, o “Córban” para el templo mientras descuidaban de sus padres. Dios no quiere que los Cristianos descuiden las necesidades básicas de sus familias para poder dar diezmos y ofrendas. Aquellos Cristianos que tienen un ingreso limitado y pueden solamente cumplir con sus necesidades básicas no tienen un aumento actual con cual pueden dar el diezmo. Dios desea misericordia y no sacrificio. 

Referencias de las Escrituras:

I Ti. 5:4, 8, 16 Mr. 7:10-13 Pr. 31:10-28
Pr. 27:23-27 Pr. 28:19  

Responsabilidad Hacia los Necesitados:

Los cristianos son mandados por Jesucristo a mantener a los pobres y necesitados entre ellos con compasión y entendimiento. Un actitud Cristiano de amor verdadero y servicio debe de ser la motivación de dar. Dios desea que a cada uno que Él le ha dado prosperidad dé con ánimo y de buena gana del corazón como él o ella pueda. Aquellos que tienen en abundancia pero no dan por causa de un actitud egoísta son culpables de codicia y están pecando antes de Dios. 

Referencias de las Escrituras:

Hch. 2:44-45 Hch. 4:34-45 Sal.41:1-3
Pr. 28:27 Pr. 19:17 Mt.26:11
II Co. 9:1-9 Gá. 2:10 Stg. 2:14-17

Responsabilidad Hacia la Iglesia:

En el mundo de hoy, no hay duda que el dinero es requerido para cumplir los mandamientos de Jesucristo para predicar el evangelio, para nutrir el rebaño y para cumplir con las necesidades de la iglesia. Por eso es, que los Cristianos están mandados por el Señor Jesucristo a compartir de sus recursos financieros con aquellos que los sirven en el ministerio de Dios. Pablo escribió, “¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también [ Griego houtoos, asimismo, en la misma manera] ordenó el Señor [Griego diatassoo, a ordenar, a dirigir, a mandar,] a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. (I Co. 9:3-14).

Aquellos que reciben apoyo de los hermanos le tienen que dar cuenta a Dios y a los hermanos cómo los diezmos y ofrendas son usados. Cualquier ministro que hace mercadería de los hermanos a través de intimidación, compulsión, o con temor para poder sacarles los diezmos y ofrendas a ellos recibirá juicio severo de Dios.

Dios le da aviso a Sus sirvientes contra explotar a los pobres de su rebaño y tomando de las reservas pocas de los necesitados. Sin embargo, Dios honra y bendice a los pobres que dan de lo que puedan, no importa como de poco la cantidad, aún como Jesús alabó a la viuda pobre necesitada que dió sus dos blancas.

Referencias de las Escrituras:

I Co.9:1-14 Lc. 21:1-4 Lc.19:12-17
Lc. 16:10-13 Zac.7:7-13 I Ti. 5:17-18
Lc. 10:17 Mt. 24:45-51 Mt. 6:19-21

El Diezmo:

Dios creó la tierra y todos los recursos de la tierra de cuál riquezas físicas vienen. Aunque Dios es dueño de todas los recursos de la tierra y el mar, Él les ha dado todas estas cosas a la humanidad para que trabajen con ellas, para usar y disfrutar de sus beneficios. Por usar lo que Dios ha creado, la humanidad puede crecer comidas, criar animales, cultivar los campos, extraer de la tierra y pescar los mares. Porque Dios le ha dado todas estas cosas a la humanidad, Él requiere que los hombres lo reconozcan a Él como el Proveedor Todopoderoso y el que sostiene todo. Las Escrituras revelan que Dios instituyó la regla de dar el diezmo en adición de ofrendas como un modo perpetuo para que la humanidad lo honre a Él. El Antiguo Testamento declara que los diezmos y ofrendas pertenecen a Dios y son “consagrados al Señor.” Jesucristo reafirmó esta verdad cuando Él dijo, “Dad, pues, a Dios lo que es de Dios.” El cuento de la ofrenda de Abel en el libro de Génesis lo hace bien claro que esta práctica existía desde el principio de la humanidad y no era limitado al pacto de Dios con Israel en Sinaí.

Antes del establecimiento del Antiguo Pacto, los diezmos y ofrendas de Dios eran dados a Melquisedec, el sacerdote del Dios Altísimo. El libro de Génesis registra que Abrahám dio sus diezmos y ofrendas a Melquisedec. Isaac y Jacob sin duda dieron de sus diezmos y ofrendas a Melquisedec también. Cuando Dios estableció Su pacto con Israel, los diezmos y ofrendas fueron transferidos al sacerdocio Levítico. Dios dijo, “ porque a los Levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel.” Bajo el Antiguo Pacto, Dios requería que Su pueblo le diera las primicias de su cosecha y el primogénito de sus ganados, igualmente un diez por ciento de sus aumentos que ellos obtenían de la cosecha y ganados.

Dios dijo por medio del profeta Malaquías que los sacerdotes estaban violando los mandamientos de Dios cuando ofrecían ofrendas contaminadas y estaban robándole a Dios. De la misma manera, aquellos que no dieron los diezmos y ofrendas a los Levitas como Dios mandó estaban robándole a Dios.

Bajo el Nuevo Pacto, el sacerdocio Levítico ha sido reemplazado por el sacerdocio de Melquisedec, y la autoridad Bíblica de recibir los diezmos y ofrendas de Dios ha sido transferido de vuelta a la orden de Melquisedec. Jesucristo, sentado a la mano derecha de Dios el Padre, ahora tiene la posición eterna de Sumo Sacerdote en la orden de Melquisedec. Cristianos hoy dan sus diezmos y ofrendas para soportar la obra de Jesucristo por medio de Su iglesia.

Mientras obedeciendo la regla Bíblica de dar el diezmo, cada Cristiano es individualmente responsable para determinar su verdadero aumento. Jesús dijo, “Dad, pues, a César lo que es de César,” demostrando que todos los impuestos que son pagados a “César” (gobiernos civiles hoy) son excluidos al determinar el aumento de uno. También excluido son los gastos relacionados a los negocios o empleos de uno, cuales reducen el ingreso neto actual. Cristianos que tienen un ingreso tan limitado que su ingreso neto entero es requerido para cumplir con los gastos de vivir no tienen un aumento con el cuál puedan dar el diezmo. El hecho de dar dinero no es requerido para la salvación. Sin embargo, si un Cristiano ha sido bendecido financieramente por Dios, él o ella debe de dar de buena gana segun sea dirigido por el Espíritu Santo. Cada Cristiano debe dar del corazón con actitud de amor y servicio, de acuerdo a las bendiciones que Dios le ha otorgado--ambos espiritualmente y físicamente. 

Referencias de las Escrituras:

Gn. 1:26-28 Dt. 8:1-18 Gn.4: 3-7
Nm. 18:1-29 Mal. 3:7-11 He. 7:1-10
S. 2:12-17 Mal. 1:6-14 Mal. 2:1-10
Mt. 22: 21 Mal. 5:17-20 Mt. 6:19-21

EL EVANGELIO

La palabra evangelio significa “buenas noticias.” El evangelio es el mensaje maravilloso del plan de Dios de salvación para toda la humanidad por medio de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, Su Hijo unigénito. El Nuevo Testamento llama a este mensaje el evangelio de gracia. El evangelio de gracia es las buenas noticias de que Jesucristo es el Salvador del mundo y que por medio de Su sangre todos aquellos que se arrepienten y creen en Él pueden tener sus pecados perdonados y pueden entrar en la Familia de Dios. El evangelio también es un mensaje sobre el venidero reino de Dios que viene a la tierra. Es las buenas noticias de que cuando Jesucristo regrese a la tierra, Él establecerá el reino de Dios y el gobierno de Dios. Él gobernará a todas las naciones como Rey de reyes y Señor de señores. Los santos que son dados vida eterna en la primera resurrección, serán herederos del reino con Jesucristo y gobernarán con Él como reyes y sacerdotes. El evangelio tiene que ser predicado a todas las naciones como un testigo antes que Jesucristo regrese para establecer Su reino. Por medio de la predicación del evangelio, Dios está preparando a Sus santos para Su reino a través de llamar a aquellos que Él ha escogido que se arrepienten y convierten. 

Referencias de las Escrituras:

Hch. 20:24 Jn. 3:16 I Jn. 2: 1-2
Mr. 1:14-15 Mt. 24:14 Ro. 10: 8-18
Mr. 16:15-16 Mt. 28:19-20 Is. 9:6-7
Hch. 11:19-21 Ro.8:16-17 I Co. 15

EL REINO DE DIOS

El reino de Dios es el gobierno de la Familia que es Dios. El reino de Dios en el momento presente gobierna el universo entero. Aunque el reino de Dios todavía no está gobernando sobre la tierra, todos aquellos que tienen el Espíritu de Dios están bajo el gobierno de Dios el Padre por medio de la Señoría de Jesucristo. El reino de Dios será restaurado sobre la tierra cuando Jesucristo regrese como Rey de los reyes y Señor de señores. Cuando eso ocurra, el Milenio comenzará y los santos inmortales, como los hijos de Dios, gobernarán como reyes y sacerdotes con Jesucristo en el reino de Dios. Después que Dios el Padre traiga la Nueva Jerusalén de los cielos a la nueva tierra, el reino de Dios gobernará el universo entero desde el Nuevo Jerusalén para toda la eternidad. 

Referencias de las Escrituras:

Ap. 2:26 Dn. 2:44 Mi. 4:1-4
Ap. 3:12,21 He. 11:13-16 I Co. 15:50-54
Ap. 5:10 Is. 11:1-10 Col. 1:13
Ap. 21 Is. 66:22-23 Jn. 3:3-7

LAS RESURRECCIONES

La Biblia revela que hay dos diferentes resurrecciones de la muerte: 1) restauración a vida física como un ser humano compuesto de carne y hueso, y 2) transformación a vida eterna como un ser de inmortal y hecho de espíritu. Las Escrituras registran la resurrección de varias personas a la vida física en varios tiempos por la voluntad de Dios. En los tiempos del Antiguo Testamento, el hijo de una viuda fue restaurado a la vida por medio de la oración del profeta Elías. El milagro de Jesús en el cual Él resucitó de la muerte a Lázaro es un ejemplo muy bien conocido de los tiempos del Nuevo Testamento. Estos eran milagros especiales de la misericordia de Dios cual prolongó la vida física de los individuos. Aquellos quienes Dios resucitó en esta manera no les fue dado inmortalidad, pero murieron de nuevo. Jesucristo fue el primero de ser resucitado a la inmortalidad por el poder de Dios el Padre. Para poder ser un ser humano, Jesús se despojó Él mismo de Su gloria y poder como el Señor Dios del Antiguo Testamento. Cuando Él fue resucitado, Él fue restaurado a Su completa gloria, poder y honor como Dios. Jesucristo es llamado el Primogénito de los muertos porque Él es el primero de millones cuáles serán resucitados a inmortalidad. Cuando Jesucristo regrese a la tierra, todos los verdaderos Cristianos que han muerto serán resucitados a vida eterna como seres inmortales hechos de espíritu. Aquellos Cristianos que están vivos cuando Jesucristo regrese serán cambiados instantáneamente de carne y hueso hacia espíritu. Esta transformación hacia espíritu es el nuevo nacimiento, cuando los santos de Dios--ambos muertos y viviendo-- verdaderamente serán “nacidos de nuevo” hacia la Familia de Dios. Todos los santos serán compuesto de espíritu, como Dios es compuesto de espíritu, y serán miembros de la Familia divina de Dios. Ellos gobernarán con Jesucristo como reyes y sacerdotes en la tierra. Esta resurrección es llamada la Biblia la primera resurrección.

Después de los 1,000- años del reinado de Jesucristo y Sus santos, habrá una resurrección a vida física para todos aquellos que murieron sin haber recibido la oportunidad de salvación. Durante esta segunda vida física, cada persona tendrá su primera y única oportunidad para salvación por medio de Jesucristo. Aquellos que aceptan la salvación de Dios entrarán en la Familia de Dios como seres de espíritu. Aquellos que rechazan la salvación por medio de de Jesucristo serán condenados a muerte eterna. Ellos estarán juntos con los malvados incorregibles los cuales han muerto durante toda la historia, que serán resucitados a vida física. Todos aquellos que han rechazado el aceptar salvación, y con conocimiento y propósito cometieron el pecado imperdonable-- blasfemia contra el Espíritu Santo de Dios el Padre--serán resucitados para que reciban el juicio final de Dios. Su sentencia sera morir en el lago de fuego. Esta muerte es la segunda y última muerte, de cual no hay resurrección. 

Referencias de las Escrituras:

I R. 17:17-24 Jn. 11:20-44 Mr. 5:35-42
I Co. 15:3-4, 20-23 Ro. 1:4 He. 2:9-10
Jn. 5:28-29 I Co. 15:23, 35-55 Ap. 20:4-6
Mt. 27:52-53 Ap. 20:11-12 Ez. 37:1-14
Ap. 20:11-15 II P. 3:10-12 Mt. 25:41-46

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Updated December 26, 2008